La historia de Benjamín Figura Echavaudis termina bien, pero revela algo profundo: en el Perú, la burocracia vence al sentido común. Este joven de Huarochirí que hizo todo lo que el sistema le pidió: terminar el colegio, aprobar exámenes y lograr ganar una vacante en San Marcos, pero estuvo a punto de perderlo todo porque su colegio no subía notas al sistema, porque “no hay secretaria”, porque “el sistema está caído”, porque “vuelva en marzo”.

La foto final lo dice todo: el problema se resolvió recién cuando el país entero vio a un chico llorando ante cámaras para que no le arrebaten lo que había ganado con mérito. Antes de volverse viral, Benjamín era solo otro expediente atrapado entre la intransigencia de la universidad y la lentitud del Estado. Después del video, aparecieron ministro, rectora y comunicados; hasta posaron juntos como si fueran protagonistas de una historia ejemplar.

El caso de Benjamín solo se resolvió porque se hizo viral y el ministro intervino. ¿Y los que no salen en TikTok? Un Estado que solo reacciona ante la presión mediática admite, en la práctica, que sus reglas importan más que las vidas que deberían proteger. La verdadera modernización no es llenar de plataformas digitales los mismos trámites inútiles, sino partir de una pregunta básica: ¿este requisito acerca a un joven a estudiar, o solo sirve para que nadie se haga responsable?