La semana que termina se conocieron los resultados del Perú de la Prueba PISA 2025 y son desastrosos. Siete de cada diez estudiantes peruanos de 15 años no alcanzan el Nivel 2 en Matemática, considerado el umbral mínimo de competencia. Solo el 0,5% tuvo rendimiento superior y en Comprensión Lectora los resultados son peores que los obtenidos en 2015.

En Ciencia y Matemática caímos a niveles inferiores a la prueba anterior, realizada en 2022. La lectura es que la eterna crisis en la que vive el país también ha generado estragos en la educación.

Pero ¿cómo podemos exigirle a los niños, niñas y adolescentes que rindan en las escuelas cuando lo que más tienen es hambre? Según el INEI, la anemia afectó al 34,9% de los niños de 6 a 35 meses en el 2025, mientras que la desnutrición crónica afectó al 12,1% de los menores de cinco años. Un niño anémico no aprende. Un niño desnutrido no retiene. Las pruebas PISA miden el resultado de un problema que empieza mucho antes del aula.

Gobiernos sucesivos repiten la cantaleta de que los niños son el futuro, pero parece que no nos damos cuenta de que si no se invierte en los niños, estos se convertirán en adultos sin herramientas para salir adelante. Un país que no alimenta ni educa bien a sus niños no está construyendo el futuro, lo está hipotecando.