El anuncio de que los resultados oficiales de la primera vuelta electoral estarán listos recién el 15 de mayo, es decir, más de un mes después de los cuestionados comicios del 12 de abril, deja en claro que acá las cosas caminan muy mal en materia electoral, en que nos hemos quedado en los tiempos de la carreta a diferencia de países vecinos donde en la misma noche del sufragio ya se conoce a los ganadores, sin espacio a dudas ni reclamos de los no favorecidos.

A 26 años del inicio del siglo XXI, el Perú no ha sido capaz ni de aplicar un plan piloto de voto digital confiable que nos haga prescindir del papel, el lapicero, la tinta para las huellas dactilares y el tener que llevar actas y cédulas el taxis destartalados como hemos visto en este último proceso que viene generando un inmenso daño a la confianza del ciudadano en sus instituciones. Y si eso ha sucedido en Lima, habría que ver cómo ha sido la cosa en las zonas más alejadas del país.

De otro lado, algo que también tiene que cambiar es la facilidad con la que cualquier club de amigos entusiastas arma un “partido político” luego de salir a recolectar firmas de gente que ni conocen, a cambio de una bolsita de maní dulce, un paquete de galletas o una gaseosa. Lo he visto personalmente en un puente peatonal sobre la Vía Expresa. Se supone que las agrupaciones que participan en comicios representan a un grupo de ciudadanos que creen en sus propuestas e ideales.

Ayer en Correo Lima hemos informado que de los 35 partidos que lanzaron candidato presidencial en los últimos comicios, 12 obtuvieron menos votos que el número de adherentes que consignaron al momento de su inscripción. En teoría, ni su propia gente les dio su respaldo. Esto no puede ser serio. Es preocupante si tenemos en cuenta la informalidad con la que se lanzan estas personas a la tarea de cazar votos para gobernar el Perú, todo porque las actuales leyes se lo permiten.

Haber tenido 35 candidatos presidenciales, 12 de ellos de partidos “cascarón” por los que no votaron ni sus adherentes, y otros 17 que no han pasado la valla electoral, esto sumado a un sistema de sufragio que se quedó en los años 80, es una parte del problema que atraviesa hoy el país. Son hechos que tienen que cambiar para qur dentro de cinco años no tropecemos con la misma piedra, que a la larga no hace más que afectar a la democracia y la gobernabilidad, y también a la estabilidad que no tenemos desde hace 10 años.