La muerte del candidato presidencial Napoleón Becerra en un accidente en la Vía Libertadores, cuando se dirigía a continuar su campaña en Ayacucho, ha provocado una avalancha de condolencias, homenajes y frases solemnes en los últimos días. De pronto, todos descubrieron que era un “héroe de la democracia”, que “murió en su ley” y que “enfrentó con valentía la campaña electoral”. La política peruana, tan generosa con los elogios póstumos, volvió a demostrar su talento para las palabras bonitas… especialmente cuando ya no sirven para nada.

Pero detrás de la retórica y los discursos con voz quebrada hay una pregunta incómoda que nadie quiere formular: ¿por qué seguimos muriendo en las carreteras del Perú? Porque lo cierto es que lo que le ocurrió a Becerra no es una tragedia excepcional. Es, más bien, una rutina trágica que se repite todos los días en las vías del país, especialmente en las de nuestras serranías. Miles de peruanos recorren esas rutas estrechas, mal señalizadas y muchas veces abandonadas por el Estado. Yo mismo he viajado cientos de veces por ellas y la sensación es siempre la misma: no se trata de carreteras, sino de una lotería macabra.

Mientras tanto, la realidad sigue siendo brutal. Los accidentes de tránsito son la principal causa de muerte en el Perú. Solo en 2025 se registraron más de 2,500 fallecidos en las pistas del país.

La muerte de un candidato presidencial debería servir, al menos, para abrir un debate serio sobre este tema. Pero es probable que no ocurra. En unos días, los discursos se apagarán, las condolencias desaparecerán de las redes sociales y la campaña continuará como si nada hubiera pasado.