Opinión

¡Unión Civil

15 de Abril del 2014 - 06:07 Mario Saldaña C.

El sábado no pude asistir a la movilización a favor del proyecto de ley de unión civil no matrimonial presentado por el congresista Carlos Bruce. Pero vengo respaldando la iniciativa desde que se presentó, al igual que esta exitosa movilización, que ha sido una feliz y pacífica afirmación por la igualdad de los derechos individuales.

Sobre el debate, diré que así como quienes pensamos que es la libertad y el respeto al individuo el elemento clave sobre el que se construye toda convivencia (y el derecho de toda persona a no ser discriminada por su sexualidad es un derecho humano, así como a lograr su felicidad a partir de la misma), esta situación nos vuelve a jaquear en torno a otros dos temas cruciales: la tolerancia y el rol del Estado para fijar políticas públicas al margen de la religión, por más importante o mayoritaria que esta sea.

Monseñor Cipriani, al igual que cualquier líder de cualquier iglesia, así como quienes opinan desde su propia fe, deben ser escuchados y respetados sin denuestos ni insultos. El mismo derecho que nos asiste a quienes estamos a favor del proyecto, e incluso de otro tipo de demandas, como, por ejemplo, el matrimonio gay o el aborto en caso de violación.

Sin tolerancia, sin la capacidad de ponernos en el lugar y perspectiva "del otro" (por ejemplo, hace algún tiempo, estimé una total falta de respeto y una provocación que un grupo de parejas homosexuales hiciera alarde de su cariño frente a la Catedral de Lima), todo termina en una guerra de sordos y ciegos.

De otro lado, Estado y autoridades deben decidir temas de derechos de las personas por y con criterios estrictamente laicos. La fe y su práctica es un asunto íntimo. No es el caso de los derechos ciudadanos.