Los resultados de los comicios de ayer no estaban muy claros hasta anoche, pero lo que sí no admite la menor duda es que el jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Piero Corvetto, debería ser retirado del cargo luego de la lamentable situación vivida ayer en la capital, en que hubo mesas de sufragio a las que jamás llegó el material y otras en que fue recibido horas después.
El funcionario ha indicado que la no llegada del material afectó a 13 locales en los distritos de San Juan de Miraflores, Lurín y Pachacamac, donde sufragaban más de 60 mil ciudadanos. Pero a eso hay que sumarle las demoras en locales de distritos como Miraflores, Surco, San Borja y San Isidro donde las mesas no podían instalarse porque no había cédulas, actas, padrones y demás implementos, lo que llevó a que la gente que no podía votar en ese momento, se retire a su casa.
Esto es imperdonable si tenemos en cuenta que los hechos han sucedido en Lima, donde no hay cómo culpar a la geografía, al clima o a deficiencias en las carreteras para semejante retraso en el reparto del material electoral. Responsabilizar a la empresa que se contrató para el reparto en sus camiones, parece una tomadura de pelo que resulta inadmisible para el sentido común.
Corvetto ha tratado de atenuar las quejas al afirmar en su conferencia de prensa que harán “los trámites” para que los afectados no paguen la multa respectiva. Pero ese no es el problema. Lo grave es que miles de peruanos no han podido votar por su ineficiencia. Sin duda este funcionario que jamás debió ser ratificado por la anterior Junta Nacional de Justicia (JNJ), debería irse a su casa.




