En medio de un proceso electoral plagado de cuestionamientos y faltando apenas tres meses para que tengamos un nuevo gobierno, el censurar al presidente José María Balcázar luego del papelón que hizo por tratar de frenar una compra de aviones de caza, no haría más que agravar la crisis que ya vivimos. Sin embargo, eso no quita que los peruanos estemos notificados de que nuestro país está bajo el mando de un impresentable que ha demostrado que no sabe ni dónde está parado.

Nos queda ponerle un ventilador al almanaque para que las semanas se pasen volando y este señor se vaya a su casa sin hacerle más daño al Perú, que es a lo que se ha dedicado desde que llegó a Palacio de Gobierno gracias a este Congreso de pillos que tenemos. Se les advirtió de los antecedentes de este señor al que incluso se ha acusado de robar plata del Colegio de Abogados de Lambayeque, pero les dio igual y ahora todos tenemos que pagar las consecuencias.

Cómo será de inepto este caballero que nadie sabe cómo llego a ser juez supremo, que trató de romper un acuerdo con Estados Unidos para una estratégica compra de aviones de combate, cuando él mismo había firmado resoluciones para que la negociación llegue a buen término dentro del plazo fijado. Quizá Balcázar creía que estaba comprando carros de segunda mano en la avenida Nicolás Arriola o repuestos “de roberto” en Tacora o San Jacinto.

Otro de los estropicios por los que será recordado Balcázar es por haberse traído abajo la reestructuración patrimonial de Petroperú, con la que se buscaba tratar de hacerla al menos viable para que deje de perder tanta plata todos los días. Ayer El Comercio ha informado que el equipo que venía trabajando el asunto con Proinversión, ha sido enviado de “vacaciones” por obra y gracia del actual titular de la empresa puesto por este gobierno. Todo mal, todo de cabeza.

Si con Pedro Castillo se pensaba que ya no podíamos tener un presidente más patético, allí está para hacerle la competencia el actual, Balcázar, el que dice que arma su gabinete ministerial dependiendo del color de la piel de la gente, y el que solito se expuso a que nadie en el gobierno le haga caso y quede como un mandatario pintado en la pared. Sólo queda esperar a que se vaya, porque si se le bota ahora podría venir otro peor y sin gente, pues parece que en el Perú no se aprenden las lecciones.