La justicia ha tomado la buena decisión de mantener en prisión al corrupto expresidente Martín Vizcarra, quien trataba de esperar en libertad la ratificación de su sentencia en primera instancia de 14 años de cárcel por las raterías de los casos Lomas de Ilo y Hospital de Moquegua, para lo cual apeló a una campaña de victimización relacionada con los males de salud que al parecer le aquejan, pero que al final no lograron sorprender al juez a cargo de tomar una decisión al respecto.
Irónico que quien en los últimos días se ha quejado de sus padecimientos renales y de la deficiente atención que dice haber recibido, lo cual luego ha sido desmentido, sea quien desde el cargo de presidente que ejerció entre 2018 y 2020, haya mentido al país con el cuento de la construcción masiva de hospitales, algo que los peruanos nos dimos cuenta durante la pandemia de COVID-19 que se llevó a casi 220 mil peruanos, un triste récord mundial, que no tuvieron una cama para ser atendidos con un poco de oxígeno.
Pero más allá de eso, el juez a cargo de revisar el caso de Vizcarra ha tenido en cuenta que entre el cumplimiento con prisión efectiva en el penal “presidencial” de Barbadillo y los males que lo aquejan, no hay relación alguna. Además, se entiende que el sistema penitenciario, por más deficiente que sea, que de hecho lo es, cuenta con los mecanismos necesarios para atender la salud de los internos, sin que estos tengan que dejar el encierro al que han sido condenados.
Pese al revés sufrido por Vizcarra en su intento por salir en libertad, el hombre no se puede quejar de su suerte carcelaria, pues a pesar de las evidencias surgidas hace más de cinco años, recién ha pisado el penal cuando fue sentenciado en noviembre último, a diferencia de otros que por la mitad de la contundencia de las pruebas de su responsabilidad, siempre gozó de libertad al extremo que pudo fundar un partido político con el que pretende convertir a su hermano en presidente para que lo indulte.
Vizcarra merece cumplir hasta el último día de su condena, tal como lo ha dispuesto el Poder Judicial tras larga investigación del Ministerio Público. Más bien, debería estar agradecido por permanecer en un privilegiado penal para ex jefes de Estado, cuando las coimas por las obras mencionadas en el primer párrafo de esta columna, las recibió mucho antes de llegar a Palacio de Gobierno, por lo que bien podría estar en Lurigancho o Piedras Gordas, como un reo más. Que no se queje mucho.




