El 65% de los peruanos dice que quiere un presidente “nuevo”, un outsider, alguien que no huela a política vieja, según Datum. Suena bonito, casi romántico. Pero la historia electoral peruana es menos generosa con los sueños que con las sorpresas. En más de cuatro décadas, solo dos completos desconocidos lograron romper el cerco: Alberto Fujimori en 1990 y Pedro Castillo en 2021. Ambos, meses antes de ganar, flotaban en el subsuelo de las encuestas, invisibles. Luego despegaron como cohetes. No fue magia, fue hartazgo social convertido en voto.

El periodista Chema Salcedo cuenta una escena tirada de los cabellos. En los días previos al balotaje entre Fujimori y Vargas Llosa, una psicoanalista limeña fue invitada a un programa radial y recibió una llamada en la que se recomendaba una “técnica infalible” para impedir el triunfo del “Chino”: cortar su foto, meterla en agua y congelarla en la refrigeradora. Esa ni muchas estrategias para “bajarse” a  Fujimori funcionaron. El outsider ganó.

Hoy el deseo de un “político nuevo” sigue vivo, pero el escenario es distinto. No hay un Fujimori oculto ni un Castillo cabalgando una indignación masiva. Hay, en cambio, 36 candidatos. La fragmentación no favorece a los milagros: los diluye. Para que aparezca un verdadero desconocido capaz de ganar, tendría que surgir una indignación tan grande que vuelva irrelevantes a todos los demás. Y por ahora, el malestar existe, pero no tiene rostro único.

Todo indica que la elección se cocinará entre los que ya están en el pelotón de arriba (son hasta diez separados por pocos puntos), esos que aparecen en los medios, las redes, los debates y las encuestas. El problema es que muchos de ellos no despegan, pese a llevar años en campaña.