Mientras el prófugo Vladimir Cerrón y sus socios de la conquista del poder César Acuña y José Luna se frotan las manos luego de haber rifado al país motivados por angurrias personales para ponerlo en manos de José María Balcázar –un exjuez expectorado del Poder Judicial por inepto y que además no tiene experiencia en la gestión pública–, en las calles la ola de violencia no para y los que siguen pagando las mayores consecuencias son especialmente los trabajadores del transporte público.
En la madrugada de ayer, Jhon Luis Flores Guerrero (23) fue asesinado a balazos en la Vía Evitamiento, cerca de la Plaza de Acho, mientras llamaba pasajeros. En San Miguel, una persecución y balacera dejó otro fallecido. Estos son dos más de los tantos crímenes que ocurren a diario. ¿Y qué hacen nuestros políticos con bancadas en el Congreso? Jugar a los dados entre ellos para colocar a un presidente títere que les permitirá acceder a cuotas de poder o adopte medidas en favor de sus candidaturas.
Es evidente que Cerrón, Acuña y Luna no han puesto a Balcázar en Palacio de Gobierno porque le han visto cualidades para llevar las riendas del país en medio de los severos problemas que afrontamos, entre ellos el de la violencia en las calles. Lo han hecho presidente porque es la llave para manejar los ministerios que les interesan o para que indulten a Pedro Castillo, a fin de sumarlo a la alicaída campaña de Podemos, uno de los partidos que trata de captar a los simpatizantes del golpista.
María del Carmen Alva, de Acción Popular, no era la mejor ficha, pero al menos pudo tener la capacidad de convocar a un buen gabinete para tratar de hacerle frente a la violencia, dar estabilidad a la economía, garantizar la limpieza de las elecciones (ojo con lo advertido ayer en Correo por el saliente presidente del Consejo de Ministros, Ernesto Álvarez) y afrontar de la mejor manera un nuevo reto que podría ser una seguidilla de lluvias, desbordes y huaicos en el norte del país.
El ciudadano que con todo derecho exige acciones contra la delincuencia y solución a los problema que afronta, ha sido burlado por un grupo partidos de propiedad de candidatos –uno de ellos escondido en la clandestinidad– que por estos días recorren ciudades tratando de atraer el voto. Hablan como estadistas, como expertos, como gurús en todo, como indignados por el drama de la gente, cuando en realidad no son más que mercachifles de la política viendo qué más pueden sacarle al desangrado Perú.




