Javier Pérez de Cuéllar: “Hay mucha intolerancia en la propia clase política”. Foto: César Fajardo
Javier Pérez de Cuéllar: “Hay mucha intolerancia en la propia clase política”. Foto: César Fajardo

Una entrevista de Franco Gonzáles Mejía

Franco Gonzales Mejía tenía apenas 16 años cuando realizó esta entrevista a , entonces de 92 años de edad. Era el segundo año del gobierno de Ollanta Humala. El joven tenía planificado realizar una serie de entrevistas para un proyecto personal cuyo eje temático era el Bicentenario de la independencia del Perú. Según contó a Correo el propio Gonzales Mejía, hoy de 24 años y egresado de Derecho, la entrevista la hizo junto a Anel Townsend, esposa de su padre, Guillermo Gonzales Arica, y nunca fue publicada. Ahora prepara un libro. Ante el lamentable deceso del ex secretario general de las Naciones Unidas, el texto cedido por el autor adquiere un inapelable valor.

En primer lugar, le quiero agradecer el poder estar aquí. Es para mí un honor conocerlo. Es usted un personaje ilustre que ha contribuido muchísimo con nuestro país. Gracias por recibirnos aquí, en su casa, en su escritorio. No muchas personas pueden tener el gusto y el honor de sentarse aquí. Y bueno, esta entrevista es parte de un proyecto sobre personajes notables que han aportado al Perú a lo largo de su historia, y el mensaje que ellos tienen para los jóvenes de mi generación, la generación del Bicentenario. Y bueno, aquí estamos, y le voy a hacer algunas preguntas. Encantado, encantado.

¿Qué cambios políticos, económicos y sociales ve en nuestro país, a comparación de hace 30 años, cuando usted era secretario general de las Naciones Unidas?

Yo soy elegido secretario general de la ONU en enero del año 81. El recuerdo que tengo de aquellas épocas es del Gobierno del presidente Fernando Belaúnde. Con él, yo tenía una relación muy cordial. Creo que ha sido uno de los presidentes más honestos que ha tenido el Perú, un hombre muy valioso, más allá de los errores que pudo haber cometido. Todos cometemos errores. Hasta tú que eres tan joven puedes haber cometido errores. A partir del año 81, te puedo contar muchísimas cosas de la experiencia que tuve como secretario general de las Naciones Unidas, cargo en el que uno no se encuentra al servicio de su país, sino al servicio de la humanidad. Insisto en eso porque el conflicto entre Argentina y el Reino Unido por las Malvinas se produce justamente al poco tiempo de mi elección como secretario general. Y naturalmente estaba en una situación muy difícil. Recuerdo cuando estaba en Italia y el secretario de Estado me llamó a darme las noticias de la decisión adoptada por la Argentina. Yo, a pesar de la afinidad latinoamericana, no podía apoyar las acciones bélicas que se habían realizado porque, según las Naciones Unidas, toda acción militar debe ser aprobada previamente por el Consejo de Seguridad de la ONU, y ese no había sido el caso. Por más razón que tuvieran, para la ONU, era un acto de agresión, cosa que a mí me incomodó mucho, porque se trataba de un país hermano. Me incomodó tener que ser tan rígido con nuestra posición, pero intenté hacer lo que pude, sobre todo en las negociaciones. Buscábamos encontrar una solución entre los argentinos y los británicos, lo cual francamente era imposible. Se intentó negociar en el despacho que yo tenía en Naciones Unidas, pero la verdad fue un intercambio de opiniones que no llevó a nada. Entonces, continuó la agresión. Recuerdo que recibí una llamada del entonces presidente de la Argentina, el comandante Fortunato Galtieri, quien estaba ofuscado con la posición adoptada por las Naciones Unidas. Le trate de hacer entender que no era algo personal, sino que yo debía guiarme de acuerdo con el estatuto que rige a la ONU y a sus países miembros. El presidente me había llamado en un mal estado. Estaba borracho. Parece que la desazón lo llevó a ese punto. Lo acompañaba su canciller (Nicanor Costa Méndez), que intentaba apaciguar un poco los ánimos del mandatario y evitar que dijera cosas por teléfono que no debía decir un jefe de Estado, en estado de ebriedad (risas).

Más allá de estas problemáticas globales, usted en su condición de secretario general de Naciones Unidas no dejó ser peruano. ¿Con qué óptica veía al Perú de ese entonces, dentro de ese contexto internacional?

Te voy a decir una cosa que es muy interesante. Yo, apenas fui secretario general, elegido por la Asamblea de la ONU, tuve que poner mi nacionalidad en el ‘freezer’. O sea, no podía actuar en favor de mi país. Y debo decir que los sucesivos Gobiernos, inclusive el del sujeto ese llamado Fujimori, jamás me pidieron nada de nada. Respetaron, por decirlo así, la inmunidad del secretario general con respecto a su propio país. Y antes de que me tocara servir al Perú nuevamente, desde otros espacios, pude ser parte de la solución de grandes conflictos en la región. Uno que recuerdo con mucha emoción es el fin de la guerra civil en El Salvador. Tras 12 años de guerra, las negociaciones para adoptar acuerdos de paz finalmente habían dado frutos. El consenso del pacto de paz se dio en la noche del 31 de diciembre de 1991. Ese mismo día concluía mi mandato como secretario general. Se puede decir que acomodaron un poco el reloj para hacerme también parte de esa historia. Lo fui, pero había sido un trabajo duro en coordinación con diversos países, como Venezuela, Colombia, México y España. Ellos siempre estuvieron detrás de mí para darme el apoyo que yo les solicitaba en las negociaciones.

A los jóvenes que tomaremos las riendas del Perú en el año 2021, ¿qué consejo nos podría dar para cambiar la realidad de nuestro país?

Tú ya lo has dicho, los jóvenes tienen que tomar las riendas, tomando la herencia de la generaciones anteriores y emprender una lucha para poner término a varios asuntos pendientes, como la pobreza, la ignorancia y la violencia, que son los tres azotes que impiden que nuestro país salga adelante. Y siempre salir adelante dentro de un marco democrático. Los Gobiernos, mientras sean democráticos, merecen respaldo y apoyo, inclusive de un señor mayor como yo. Lo fundamental para el 2021 −entonces tendré 101 años y ya no creo estar vivo, naturalmente−, la clave para resolver muchos problemas en nuestro país, es la tolerancia. Hay mucha intolerancia en la propia clase política. Eso sí, hay que felicitar que ya vengamos de una sucesión de Gobiernos democráticos. Y perdón, pero debo incluir el año del 2000 al 2001, que fue el Gobierno de transición democrática. Para mí, fue un honor servir a mi país en el año que gobernó el presidente Paniagua, un hombre verdaderamente maravilloso, que lamentablemente ya falleció. Falleció por exceso de esfuerzo, porque quiso ser candidato a la Presidencia, cuando en verdad ya no se lo permitía ni su edad ni su salud. Murió, desgraciadamente. Era un hombre notablemente capaz y patriota. Bueno, patriotas somos todos. Hay patriotismos literarios y hay patriotismos activos, y él era de una actividad tremenda.

Usted ve toda la diversidad que tenemos en este país. El Perú tiene muchísimas riquezas y potencialidades, pero no las explotamos ni administramos bien. Miremos el ejemplo de Brasil, que se acerca a ser una potencia mundial. ¿Qué nos falta para llegar a eso? ¿Qué no está haciendo el Gobierno para concretar eso?

Bueno, no sé qué no estará haciendo este Gobierno porque yo no soy parte de él, pero creo que una de las cosas que podemos hacer es la preservación de nuestras fronteras, (tener) fronteras perfectamente seguras, inviolables por decirlo así, y que luchemos por eso, porque haya un Perú completo y definitivo. Debemos preservar nuestras fronteras. Y que no haya países, no solamente que nos traicionaron, sino que nos atacaron. Tú acabas de mencionar a Brasil. Yo he vivido ocho años ahí. Es un país admirable y maravilloso. Pero es un país vecino al que tenemos que ver con mucho cuidado y atención. Perdimos una cantidad considerable de nuestro territorio debido a malas negociaciones diplomáticas con ellos a inicios del siglo XX. Es imposible concretar un país sólido si no aprendemos a defendernos, a defender nuestra soberanía. Creo que estamos avanzando en ello. Un poco lento quizá, pero hay que valorar los avances que está habiendo; mientras que se den en Gobiernos democráticos, se deben apoyar. Mira cuántos años perdimos en Gobiernos dictatoriales hasta que recuperamos la democracia en el Gobierno de Belaúnde, y de ahí la volvimos a perder con Fujimori.

¿De aquí al Bicentenario, en qué problemáticas deberían las juventudes esforzarse en trabajar?

Bueno, ya te dije: fortalecer la democracia. Ello pasa por luchar contra los defectos de nuestro país. Debemos luchar contra la pobreza y la ignorancia de una forma mucho más efectiva. Y también, lógicamente, la lucha contra la pobreza incluye la lucha por la salud de nuestros compatriotas. La salud y la instrucción. Seguimos siendo un país, lamentablemente, con muchísima ignorancia. Y también buscar la unidad, la unidad de todos los peruanos. Por ejemplo, la última vez que estuve por la sierra de nuestro país, pude notar que muchas personas antes no hablaban el castellano, ahora ya casi todos lo hacen. Y ello es una gran ayuda para la educación. Ello, sin faltarle el respeto a las lenguas autóctonas. No quiere decir que se deje de hablar el quechua o el aimara, que son lenguas originarias, que tienen un legado de obras hermosas que aún no terminamos de reconocer. Pero la unidad se logra cristalizando una identidad en esa diversidad: la unidad del castellano con el quechua, del castellano con el aimara. Veo más de eso, y es bueno. Qué más te puedo decir. Ustedes, los jóvenes, tienen muchas tareas por delante. Yo dejo muchas tareas inconclusas.

Doctor, su sola presencia en las Naciones Unidas contribuyó a este país. Además, olvida el rol que jugó para la democracia en los años 90. Volvió al Perú a dar combate. Usted, el año 95, abrió la trocha. Lo que pasa es que hay que comentarlo más frecuentemente. Fue candidato a la Presidencia en unas elecciones claramente manipuladas y fraudulentas. Alguien tenía que hacerle frente a ese régimen y usted lo hizo. Usted es parte del momento inicial de la lucha contra el fujimorismo y de la reconquista de la democracia en el Gobierno de transición. Está en ambos momentos clave. Al final, Fujimori se fugó y renunció por fax, como un cobarde.

Sí, un cobarde.

Pero, bueno, ahora está preso, aunque sea en una cárcel dorada, en una suite.

Imagínate. Yo, como abogado que soy, tengo que defender que jurídicamente es imposible tener privilegios de ese tipo.

Y peor luego de todo lo que le hicieron a este país. Muchas gracias por su tiempo, señor embajador.

No te preocupes. Las gracias a ti.