El ministro de Energía y Minas, Ángelo Alfaro, evaluó la reciente crisis del gas natural que afectó al país tras la fuga y explosión en el ducto de Camisea, en Cusco. El incidente del pasado 1 de marzo generó la interrupción total del servicio de Transportadora de Gas del Perú y provocó escasez generalizada del recurso en múltiples regiones.
Las autoridades han completado la reparación de las infraestructuras dañadas y restablecido la distribución normal en grifos de Lima y Callao. Sin embargo, el funcionario enfatizó que las causas precisas del colapso en Megantoni aún permanecen bajo investigación oficial.
Durante una entrevista con El Comercio, Alfaro descartó la hipótesis de sabotaje terrorista en la zona afectada y calificó esta posibilidad como extremadamente remota. Especialistas forenses en explosivos acudirán al lugar para realizar peritajes exhaustivos que confirmen los orígenes técnicos del daño.
El ministro reveló que diecinueve trabajadores de la empresa operaban directamente sobre el conducto en el momento del siniestro. La presencia de personal en el sitio sugiere que alguna acción u omisión pudo desencadenar el fallo estructural.
Alfaro compartió su perspectiva personal sobre el incidente, aunque se abstuvo de conclusiones definitivas antes del informe oficial. El Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería liderará la investigación y publicará los resultados detallados en breve.
“Tengo mi propia información, pero no podría adelantar opinión hasta no escuchar a Osinergmin. Lo que ha pasado es que había gente trabajando: 19 personas en el ducto. Entonces, esa gente algo ha hecho o algo ha dejado de hacer que ha provocado esto”, manifestó.
Ósinergmin asumirá la responsabilidad de determinar si existieron deficiencias en la supervisión del proyecto. El gobierno implementará sanciones administrativas conforme a los hallazgos del análisis técnico final.
Alfaro subrayó la vulnerabilidad persistente del sistema energético nacional pese a la solución temporal del problema. La dependencia exclusiva de un solo ducto expone al país a riesgos catastróficos similares en el futuro.
El ministro alertó sobre escenarios potenciales como sismos que podrían destruir nuevamente la infraestructura clave. La reparación de daños mayores demandaría entre un mes y dos meses, dejando al país sin suministro durante ese lapso crítico.
“Puede haber un accidente nuevo, un terremoto y nos quedamos sin el ducto, nos quedamos sin gas y se puede tardar un mes o dos para repararse. Si no hay la fuente, no hay transporte”, advirtió.
Para mitigar estos peligros, el titular del Minem recomendó la construcción urgente de reservas estratégicas y una planta regasificadora. Estas instalaciones permitirían recibir buques metaneros y crear una segunda vía de abastecimiento confiable.
El gobierno priorizará estas medidas de contingencia una vez concluya la investigación del regulador. La diversificación de fuentes garantizará la continuidad del servicio ante cualquier eventualidad natural o técnica.





