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Día del Niño: cuatro señales que pueden alertar sobre el bienestar emocional escolar

Cambios persistentes en el comportamiento pueden observarse de manera distinta en casa y en el colegio. En el marco del Día del Niño, un especialista explica por qué la comunicación entre familias y docentes puede ayudar a identificar cuándo un estudiante necesita mayor acompañamiento.
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Cambios persistentes en el comportamiento pueden observarse de manera distinta en casa y en el colegio. En el marco del Día del Niño, un especialista explica por qué la comunicación entre familias y docentes puede ayudar a identificar cuándo un estudiante necesita mayor acompañamiento.

Redacción Diario Correo

Actualizado el 13/08/2026, 02:59 p.m.
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Las calificaciones no son el único motivo para mantener una comunicación frecuente entre padres y docentes. Compartir información sobre cambios en el comportamiento, las relaciones sociales y las rutinas de niños y adolescentes puede ayudar a identificar situaciones que requieren mayor atención.

En el marco del Día del Niño, que en Perú se celebra el tercer domingo de agosto, Javier Rojas, coordinador de Bienestar del Colegio de la Inmaculada Jesuitas, destaca que la relación entre familia y escuela puede contribuir al acompañamiento del bienestar emocional de los estudiantes.

“Cuando padres y docentes comparten información sobre cómo se siente el estudiante, cómo se relaciona con sus compañeros o si ha presentado cambios en su comportamiento o rutinas, es más fácil detectar a tiempo situaciones que requieren acompañamiento”, señala Rojas.

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¿Por qué padres y docentes deben mantener una comunicación frecuente?

Los niños y adolescentes se desenvuelven de manera diferente según el entorno. Mientras las familias observan sus rutinas y comportamientos en casa, los profesores pueden identificar cómo interactúan con sus compañeros, participan en clase y responden ante determinadas exigencias escolares.

Compartir estas observaciones permite obtener una perspectiva más amplia sobre el comportamiento del estudiante y detectar cambios que podrían pasar inadvertidos si se analizan únicamente desde uno de estos espacios.

Según Rojas, una comunicación abierta y coherente también ayuda a que los estudiantes perciban que los adultos responsables de su cuidado trabajan de manera coordinada y cuentan con espacios para expresar lo que sienten.

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Cuatro cambios en el comportamiento que conviene observar

El especialista identifica algunas conductas que pueden indicar que un niño o adolescente necesita mayor acompañamiento. Estas señales no implican por sí solas la existencia de un problema de salud mental, pero su persistencia o aparición repentina merece atención.

  1. Está más callado o irritable de lo habitual. Un cambio en el estado de ánimo que se mantiene durante varios días puede indicar que el estudiante atraviesa una situación que le genera estrés, preocupación o malestar.
  2. Pierde interés en actividades que antes disfrutaba. Dejar de jugar, participar en clase, practicar actividades habituales o compartir con amigos puede ser un cambio relevante que debería observarse tanto en casa como en la escuela.
  3. Evita hablar sobre lo que ocurre en el colegio. Respuestas constantemente breves, cambios de tema o rechazo a conversar sobre las clases pueden indicar que el niño necesita un espacio de confianza para expresar lo que está viviendo.
  4. Presenta cambios repentinos en su rendimiento. Una disminución inesperada de las calificaciones, dificultades para concentrarse o pérdida de motivación pueden estar relacionadas con diferentes factores, incluidos aspectos emocionales.

Una señal aislada no permite determinar qué ocurre

Los cambios mencionados pueden tener distintas explicaciones y no constituyen por sí mismos un diagnóstico. Por ello, es importante observar su duración, intensidad y relación con otros comportamientos.

La comunicación entre el hogar y la escuela puede ayudar a establecer si una conducta se presenta únicamente en un entorno o también ha sido observada por otras personas que mantienen contacto frecuente con el estudiante.

Cuando los cambios son persistentes, afectan significativamente las actividades cotidianas o generan preocupación, corresponde buscar orientación profesional adecuada.

Cambios en casa también pueden reflejarse en el colegio

La comunicación no debería producirse únicamente cuando el colegio identifica una dificultad. Rojas recomienda que las familias informen a los docentes sobre acontecimientos importantes que puedan influir en el comportamiento de los niños.

Una mudanza, la llegada de un hermano o la pérdida de un ser querido, por ejemplo, pueden generar cambios emocionales o de comportamiento que también se manifiesten durante la jornada escolar.

Compartir esta información permite que los profesores comprendan mejor el contexto del estudiante y puedan comunicar a las familias cualquier variación que observen en el aula o durante su interacción con compañeros.

La comunicación no debería limitarse a las calificaciones

El especialista plantea que la relación entre padres y docentes sea permanente y no ocurra únicamente durante reuniones relacionadas con notas o problemas disciplinarios.

También recomienda escuchar las observaciones de los profesores con apertura y evitar desautorizar al docente frente a los hijos, debido a que los mensajes contradictorios pueden generar confusión.

Mantener criterios coherentes sobre normas, hábitos y valores entre el hogar y el colegio puede contribuir a ofrecer un entorno más predecible para el estudiante.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Los cambios de comportamiento en niños y adolescentes pueden formar parte de diferentes situaciones y deben evaluarse considerando su contexto.

Si la tristeza, irritabilidad, aislamiento, pérdida de interés u otras alteraciones son intensas, persisten o interfieren significativamente con la vida cotidiana, es recomendable consultar con un profesional de la salud capacitado para realizar una evaluación individual.

La coordinación entre padres y docentes puede aportar información relevante para ese proceso, pero no sustituye una evaluación profesional cuando esta resulta necesaria.

En ese sentido, el acompañamiento del bienestar infantil requiere observar no solo las calificaciones, sino también cómo se siente, se relaciona y se comporta el estudiante en los diferentes espacios de su vida cotidiana.

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