Las palpitaciones, los latidos irregulares y una frecuencia cardíaca repentinamente elevada pueden corresponder a alteraciones del ritmo del corazón. No todas tienen la misma gravedad y una evaluación médica permite determinar su origen. (Foto: Istock)
Las palpitaciones, los latidos irregulares y una frecuencia cardíaca repentinamente elevada pueden corresponder a alteraciones del ritmo del corazón. No todas tienen la misma gravedad y una evaluación médica permite determinar su origen. (Foto: Istock)

Sentir que el corazón se acelera, aletea o se salta un latido puede generar preocupación. Estos episodios pueden estar relacionados con una arritmia, término utilizado para describir alteraciones en la frecuencia o el ritmo cardíaco.

La doctora Divya Korpu, especialista en Medicina Cardiovascular del Sistema de Salud de Mayo Clinic en Eau Claire, Wisconsin, explica que las arritmias pueden hacer que el corazón lata demasiado rápido, demasiado lento o de manera irregular.

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¿Cómo se siente una arritmia?

Cuando un latido anómalo interrumpe el ritmo habitual, la persona puede experimentar palpitaciones, que se perciben como latidos rápidos, aleteos o la sensación de que el corazón omite algún latido.

En algunas personas jóvenes, generalmente entre los 20 y 50 años, la frecuencia cardíaca puede elevarse súbitamente desde valores normales hasta alcanzar entre 180 y 200 latidos por minuto, según la especialista. Estos episodios pueden estar acompañados de mareos, ansiedad, inestabilidad e incluso desmayos.

Los latidos anormales pueden originarse en diferentes zonas del corazón. Entre ellos se encuentran las extrasístoles auriculares (PAC), procedentes de las aurículas, y las extrasístoles ventriculares (PVC), que comienzan en los ventrículos.

Korpu señala que las PAC y PVC generalmente no son peligrosas ni potencialmente mortales, aunque su situación clínica debe valorarse individualmente.

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¿Qué puede provocar latidos rápidos o irregulares?

Existen diversos factores asociados a la aparición de alteraciones del ritmo cardíaco. Entre ellos figuran circuitos eléctricos anómalos presentes desde el nacimiento, trastornos de la tiroides y cambios hormonales relacionados con el embarazo o la menopausia.

También pueden influir hábitos como el consumo excesivo de cafeína o alcohol.

Cuando los episodios son poco frecuentes y no afectan las actividades cotidianas, pueden no requerir intervenciones específicas. Sin embargo, cuando las molestias son persistentes o interfieren con la vida diaria, es necesaria una evaluación para determinar el tratamiento correspondiente.

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Fibrilación auricular: una arritmia más frecuente con la edad

En los adultos mayores, una de las alteraciones rápidas del ritmo más frecuentes es la fibrilación auricular (FA). También puede presentarse el flutter auricular y la frecuencia de ambos trastornos aumenta con la edad.

La fibrilación auricular puede causar latidos irregulares, palpitaciones, molestias en el pecho, mareos, fatiga y, en algunos casos, desmayos. Sin embargo, también existen pacientes que no presentan síntomas y reciben el diagnóstico durante un control médico.

Entre los factores relacionados con la fibrilación auricular se encuentran la apnea del sueño no tratada, alteraciones tiroideas, cambios hormonales y el consumo elevado de alcohol.

¿Por qué la fibrilación auricular requiere atención?

Una de las principales complicaciones asociadas a la fibrilación auricular es el riesgo de accidente cerebrovascular.

Durante esta arritmia, la sangre puede permanecer estancada en determinadas zonas del corazón y favorecer la formación de coágulos. Estos pueden desplazarse hacia el cerebro y provocar un accidente cerebrovascular.

Por esta razón, el médico evalúa el riesgo individual del paciente para determinar si necesita tratamiento anticoagulante. La indicación depende de las características clínicas de cada persona.

¿Cómo se tratan las arritmias?

El tratamiento depende del tipo de alteración del ritmo, su frecuencia, los síntomas y las condiciones particulares del paciente. En la fibrilación auricular, por ejemplo, pueden emplearse medicamentos para controlar la frecuencia o el ritmo cardíaco y, en determinados casos, una ablación con catéter.

La ablación es un procedimiento mínimamente invasivo mediante el cual los especialistas identifican y tratan las áreas cardíacas responsables de originar o mantener determinadas arritmias.

Entre las técnicas disponibles se encuentran la radiofrecuencia, que utiliza calor; la crioablación, basada en frío; y la ablación por campo pulsado, una alternativa no térmica utilizada para determinados pacientes con fibrilación auricular.

La recomendación de Mayo Clinic es consultar con un profesional de la salud o cardiólogo ante episodios de corazón acelerado, latidos omitidos o ritmo irregular para determinar si se requiere una evaluación adicional.

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