Durante la temporada de verano, los episodios de migraña suelen intensificarse debido a factores asociados al aumento de la temperatura, la exposición prolongada al sol y modificaciones en los hábitos diarios. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 14 % de la población mundial padece esta enfermedad neurológica.
En este contexto, el calor puede favorecer la deshidratación, alterar los patrones de sueño y generar dilatación de los vasos sanguíneos, condiciones que actúan como desencadenantes frecuentes de crisis migrañosas en personas predispuestas.
“El calor y la pérdida de líquidos influyen directamente en la regulación vascular y neurológica, lo que puede aumentar la frecuencia e intensidad de las migrañas, incluso en pacientes con cuadros previamente controlados”, explica Jose Enrique Sanchez Chunga, neurólogo de la Clínica Stella Maris.
Factores que incrementan las migrañas en verano
Además de las altas temperaturas, existen otros elementos que contribuyen al aumento de episodios migrañosos durante esta época del año. Entre los principales factores desencadenantes se encuentran la exposición directa al sol y los cambios bruscos entre ambientes calurosos y espacios con aire acondicionado.
A ello se suman la modificación de los horarios de descanso, una alimentación irregular y el consumo insuficiente de líquidos. El consumo de bebidas alcohólicas también puede incrementar el riesgo de crisis, al favorecer la deshidratación y la dilatación vascular.
Medidas de prevención recomendadas
Para reducir la aparición de migrañas durante el verano, el especialista recomienda adoptar medidas preventivas simples pero constantes:
- Mantener una hidratación adecuada a lo largo del día.
- Evitar la exposición prolongada al sol, sobre todo en horas de mayor radiación.
- Respetar horarios regulares de sueño y alimentación.
- Usar gorros y protección ocular al realizar actividades al aire libre.
- Seguir el tratamiento médico indicado y evitar la automedicación.
Cuándo acudir a evaluación médica
Se recomienda consultar con un especialista cuando las migrañas aumentan en frecuencia, cambian de intensidad o interfieren con las actividades diarias.
“Un adecuado control preventivo permite identificar los desencadenantes, ajustar el tratamiento y mejorar la calidad de vida del paciente, incluso durante los meses de mayor calor”, señala Sanchez.





