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Recibir una mala nota en el colegio puede provocar frustración, tristeza, enojo e incluso miedo a decepcionar a los padres. Ante estas situaciones, la manera en que las familias reaccionan puede influir en cómo los niños y adolescentes enfrentan sus dificultades académicas y desarrollan herramientas para mejorar su aprendizaje.
Javier Rojas, coordinador de Bienestar del Colegio de la Inmaculada Jesuitas, explicó que una calificación desfavorable no debe interpretarse como una medida de la capacidad del estudiante, sino como un resultado específico que permite identificar aspectos por mejorar.
“Una mala nota puede generar una sensación de fracaso, especialmente cuando el estudiante siente que no tuvo el resultado esperado. En esos momentos, es mejor ayudarlo a entender que una calificación representa un resultado puntual y no define su capacidad”, señaló el especialista.
Rojas destacó que el acompañamiento debe incluir la escucha de las emociones, el análisis de las dificultades y una comunicación constante entre los padres y los docentes para encontrar estrategias que favorezcan el aprendizaje.
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¿Cómo ayudar a un hijo que tiene malas notas en el colegio?
El especialista compartió cinco recomendaciones para que las familias y los colegios trabajen de manera conjunta cuando los estudiantes presentan dificultades académicas.
1. Escuchar antes de corregir o llamar la atención
Cuando un estudiante obtiene una calificación por debajo de sus expectativas, es importante conocer cómo se siente antes de concentrarse únicamente en sus errores.
Escuchar y reconocer su frustración no significa justificar el bajo rendimiento, sino permitir que exprese sus emociones para luego conversar sobre lo ocurrido y encontrar posibles soluciones.
Esta información también puede ayudar a los docentes a comprender mejor las necesidades del alumno y brindarle una orientación adecuada.
2. Evitar que una mala nota defina sus capacidades
Una calificación corresponde al resultado de una evaluación específica y no determina la inteligencia, las habilidades ni el potencial de un estudiante.
Por ello, es recomendable evitar expresiones como “eres malo para esto”, ya que pueden reforzar una percepción negativa sobre sus propias capacidades.
En su lugar, tanto los padres como los docentes pueden transmitir que los errores forman parte del proceso educativo y que las dificultades pueden superarse mediante el aprendizaje y la práctica.
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3. Identificar las causas del bajo rendimiento académico
Una vez que el estudiante haya logrado manejar la frustración inicial, es importante analizar qué factores pudieron influir en su calificación.
Las dificultades pueden estar relacionadas con la comprensión de determinados temas, la organización del tiempo, la preparación para los exámenes o la falta de hábitos de estudio.
Identificar estos factores permite establecer estrategias de mejora en lugar de limitar la conversación a la nota obtenida.
4. Mantener una comunicación constante con los profesores
El trabajo conjunto entre las familias y el colegio permite conocer de manera más completa las dificultades y necesidades de cada estudiante.
Los padres pueden compartir información sobre cambios en los hábitos de estudio, problemas de organización o situaciones que afecten el aprendizaje en casa.
Por su parte, los docentes pueden identificar las áreas que requieren mayor refuerzo y proponer actividades o estrategias que contribuyan al progreso académico.
5. Establecer metas realistas y reconocer los avances
Después de identificar las dificultades, es importante convertirlas en acciones concretas que permitan al estudiante mejorar progresivamente.
Organizar horarios de estudio, reforzar determinados conocimientos, resolver dudas con los profesores o solicitar orientación son algunas medidas que pueden implementarse.
Asimismo, realizar un seguimiento del proceso permite reconocer los avances alcanzados y modificar las estrategias cuando sea necesario.
¿Por qué es importante el apoyo de los padres y profesores?
El especialista señaló que el acompañamiento académico no debe limitarse a intervenir cuando aparecen malas calificaciones, sino que debe formar parte del proceso educativo de niños y adolescentes.
Mientras las familias pueden brindar apoyo emocional, fomentar hábitos y acompañar el desarrollo de responsabilidades, los docentes cumplen un papel importante en la identificación de necesidades y la aplicación de estrategias de aprendizaje.
“En el Colegio de la Inmaculada Jesuitas, entendemos el acompañamiento como un trabajo conjunto que involucra a estudiantes, familias y docentes. La escucha, el seguimiento y la comunicación cercana nos permiten identificar las necesidades de cada estudiante y brindarles orientación de acuerdo con su proceso”, explicó Rojas.
Finalmente, destacó que la coordinación entre el hogar y el colegio puede contribuir a fortalecer la confianza y autonomía de los estudiantes, además de proporcionarles herramientas para enfrentar futuras dificultades académicas.
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