Para Emanuel Soriano, asumir su personaje en la obra teatral ‘Toc Toc’ no solo implica explorar el humor, sino también transitar por los matices de una condición que, aunque llevada a la comedia, refleja realidades profundas.
En diálogo con Diario Correo, el actor peruano habla los retos emocionales en la construcción de su personaje y la responsabilidad de conectar con el público desde la sensibilidad, sin perder el ritmo y la frescura que exige la puesta en escena.
—Toc Toc aborda el Trastorno Obsesivo Compulsivo desde el humor, ¿cómo trabajas el equilibrio entre la comedia y el respeto al tema?
Tuve la oportunidad, hace 10 años, de interpretar a un chico con síndrome de Asperger en ‘El curioso incidente del perro la medianoche’, y fue tratado desde ese lugar, con un total respeto y acercamiento a la humanidad. Lo que propone esta obra es, casualmente, la oportunidad de una terapia de grupo, donde estas personas que tiene un toc específico se acompaña para superarse alrededor de eso.
Si bien creo que hay mucha costumbre en la terapia de uno a uno, es muy importante una terapia de grupo, porque te da la oportunidad de saber que no estás solo en medio de esta situación. Creo que eso es lo bueno de esta obra. Si bien parte desde el humor, también parte desde la humanidad del encuentro, de la empatía y nos invita a ponernos en los zapatos del otro. No solamente como espectadores, sino los mismos personajes que se ponen en el lugar del otro para ayudar a desbloquear su problema.
—¿Cuál ha sido el desafío en este papel?
En realidad, creo que tiene que ver con el timing del texto. Es una comedia que no para, que cada cosa que ocurre es un remate. Recién en las primeras funciones que hemos tenido con el público podemos entender ese timing que tiene la obra, escuchando las risas, esperando que paren las risas y continuar con la obra; porque es un ping pong, como son seis personajes. Creo que eso ha sido un poco lo más retador y, definitivamente, no caer solamente en el humor, sino también en la humanidad que tiene cada personaje.
Al inicio, la vergüenza que tiene cada uno por no exponerse, porque no es fácil exponer el tema o el problema que tiene cada uno, y luego, poco a poco, ir entrando en confianza y animar a los demás a que se queden a la terapia de grupo. Es bonito ver en la obra ese progreso que va ocurriendo, donde se van encontrando y van generando más empatía entre ellos.

—¿Hay alguna escena que te obligue a concentrarte al máximo cada vez que la interpretas?
Yo creo que, casualmente, en toda la obra, porque en una página dices un texto y, dos páginas después, dices dos textos más, te obliga a estar súper concentrado y hasta ver también cuál es tu rol.
El rol de mi personaje, que es Otto, es el único que ha llevado terapia de grupo. Entonces, en un momento, se vuelve, de alguna forma, en líder. El director me exige, en ese momento, que yo tome un poco las riendas del grupo.
Así que creo que, de alguna manera, es estar muy atento a lo que te invita esta obra como actor; también estar muy vivo para tus compañeros, para ti y para el público que está testimoniando la obra.
—¿Cuál te gustaría que sea la principal reflexión?
Definitivamente, la empatía. Creo que es el hecho de ponernos en el lugar de los demás y la empatía de ponernos en los zapatos de los demás, y saber cómo, quizás, acercarnos al otro sabiendo que tiene un tema, un problema, un trastorno obsesivo compulsivo, y ni siquiera ayudarlo, diría, sino simplemente entenderlo. De hecho, hay un momento en el que el personaje de Fred cuenta que se subió a un taxi y un taxista había visto un documental sobre su trastorno obsesivo compulsivo. Entonces, ya entendía, no lo juzgaba, simplemente ya al conocer el tema, él podía ponerse en sus zapatos, y eso es ya un montón. Creo que esa es la invitación a la que te hace la obra.
—Sobre uno de tus otros proyectos, ¿quieres hablarnos sobre tu unipersonal ‘El Apego’?
Ya no tenemos más funciones, vamos a lanzar unas funciones para junio muy pronto y estamos muy contentos por la respuesta del público.
Es una obra que va sobre un chico que está despidiéndose de la casa del padre porque ya no está; entonces, rememora los últimos instantes que vivió con su padre, un hombre mayor ya de 87 años, y las conversaciones que ha tenido con el padre, con la señora que cuidaba al padre, con la exnovia y con la hermana que no se hacía cargo.
Es un unipersonal de una hora; no es una historia mía personal, es un texto de Emilio Dionisi, un dramaturgo argentino, y la verdad es que he tenido muy buenos comentarios, ha resultado muy bien y creo que es una gran oportunidad de hacer catarsis si alguien está pasando por algún duelo.






