Félix Condori Flores, artista plástico (Foto: GEC)
Félix Condori Flores, artista plástico (Foto: GEC)

Nacido en Arequipa (2000), José Félix Condori Flores es egresado de la Escuela Profesional de Artes Plásticas de la UNSA (2025). Amplió su formación en pintura, grabado, acuarela, xilografía, serigrafia y escultura. Fue reconocida su participación en el Congreso por las Infancias (2025), su apoyo en movimientos sociales y ambientales (2022, 2023) y a nombre del Ministerio de Cultura a nivel regional (2024).

Ha realizado muestras colectivas en la sala Jorge Vinatea Reynoso de la MPA (2024), la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa (2025), en el Centro Cultural de la Unsa y otros recintos. Apoya proyectos de gestión cultural y enseñanza artística.

Las obras de su exposición, “Con(s)ciencia”, del 3 al 30 de julio, surgen de una reflexión ante la violencia que sacudió al país en 2022 y 2025, un espacio para la memoria, la incertidumbre, la empatía y la responsabilidad. Se presenta en la galería Mercaderes 72.

¿De qué forma tu trabajo explora nuestra identidad? Nace de un cuestionamiento personal: quién soy, de dónde vengo y cómo me relaciono con el entorno. Mi identidad no es ser peruano o arequipeño. Había dejado de lado, por ignorancia o vergüenza, mi historia familiar. Intento comprenderme con las historias de mis padres y abuelos, sus comunidades y la manera en que ese origen dialoga con mi presente. Lo andino, mis costumbres y mi herencia se mezclan con una realidad cosmopolita. A través del autorretrato, la memoria familiar y el reconocimiento del sufrimiento heredado, busco reconstruir mi identidad y reflexionar sobre mi papel en una sociedad que no me es indiferente. Mis obras son una forma de dar voz a esas historias.

¿Qué papel juegan el gesto, la mancha y el error en tus cuadros? Más que buscar una ejecución perfecta, me interesa que esos elementos transmitan una carga emocional y refuercen la idea central de cada obra. Para mí, la pintura debe comunicar una experiencia antes que una imagen impecable.

¿Cómo influyó en tu trabajo Jean-Michel Basquiat? Mi formación estuvo vinculada a la pintura clásica, pero encontré en su obra otra manera de entender el arte: la rebeldía, la búsqueda de identidad, la fuerza emocional y la libertad del trazo. Su historia personal, marcada por sus raíces haitianas y puertorriqueñas, conectó con mi inquietud sobre la identidad y el origen. Además, me nutro de otras referencias. En el grabado y la denuncia social admiro a Käthe Kollwitz y a los muralistas mexicanos David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Diego Rivera. En el retrato encuentro afinidad con el peruano Bruno Portuguez Nolasco. La literatura ha sido fundamental. “Los ríos profundos”, de José María Arguedas, “La ciudad y los perros”, de Mario Vargas Llosa” y “El nido de la tempestad”, de Yuri Vásquez, influyeron en mi comprensión del mundo andino, la memoria y los conflictos sociales. La música me inspira como denuncia y reflexión. Mi actual exposición, “Con(s)ciencia”, se relaciona con la canción Océano, de la banda española La Maravillosa Orquesta del Alcohol. Su letra cuestiona nuestra manera de vivir y de enfrentar el futuro.

¿Cuál es tu método de trabajo y qué materiales prefieres? Trabajo con pintura acrílica sobre superficies rígidas, como madera o MDF. El rápido secado de este material favorece un proceso espontáneo, puedo tomar decisiones rápidas sin caer en el perfeccionismo. Practico la xilografía, el grabado en madera que consiste en tallar una matriz para reproducir imágenes. Su fuerza expresiva y el material influyen en el resultado, puedo explorar nuevas posibilidades y reproducir las obras sin perder su carácter artesanal.

¿Tus proyectos para el futuro? Llevar mi trabajo a espacios dentro y fuera del país, continuar produciendo, explorando técnicas como el grabado y seguir con mi labor pedagógica. Colaboro en la revista El Tábano Subterráneo y en el voluntariado Los Sprunkos, que organiza talleres de arte para niños. Voy a participar en convocatorias y exposiciones en varias regiones. Me interesa vincularme más con la tradición del grabado que hoy existe en México y Cusco.

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