Sus cincuenta años dedicado a la crianza de gallos navajeros, le ha concedido a Humberto Morales Bermúdez Pedraglio el convencimiento de que esa tradición heredada exige una dedicación absoluta y una perseverancia inquebrantable. El relato de ese recorrido, que incluye su evolución como criador desde sus inicios familiares hasta la formación de escuelas de linaje, nos los entrega a detalle en el libro “El Gallo Navajero Peruano” (Sumak); publicación para los conocedores, y también para quienes se interesan en el apasionante oficio de la crianza y el entrenamiento de los gallos de pelea.
“Mis inicios fueron con mucha dedicación, y tras mis primeros diez años de crianza me di cuenta que era mucho más interesante de lo que yo pensaba. Me encontré con aficionados y criadores que realmente habían dedicado prácticamente su vida a estar al lado de sus animales y a desarrollar la crianza”, dice Morales Bermúdez.
¿Todo gallo que se cría es para la pelea?
No. Hay gallos, por ejemplo, que uno puede valorar mucho desde el punto de vista de sus orígenes y no lo arriesgas en una pelea, quizás juegan parientes, hermanos, como para comprobar el linaje. Uno no arriesga al ejemplar que puede ser una especie de jefe de raza.
¿Qué características debe tener un gallo de pelea que garantice un buen resultado?
Cuando van creciendo, uno va viendo su actitud, y también hay que sumarle lo que es la conformación física. A eso, cuando el animal está en la edad necesaria, hacemos lo que se llaman los topes, entrenamientos de combate simulados para probar su valentía, habilidades, agilidad y casta antes de una pelea real. Allí se verán las cualidades del gallo, porque siempre la cancha será, digamos, como el juicio final.
¿Sucede frecuentemente que uno apuesta por un ejemplar, seguro de su buena faena, y este se derrumba en la cancha?
Pasa porque no tuvo una buena entrada, no ingresó a la pelea con una buena actitud o simplemente por algún descuido. Todos estos elementos hacen que lo que aparentaba ser en el criadero, no logra reafirmarlo en la cancha.
¿Cómo maneja un gallero las derrotas?
Hay una cosa bien importante, uno puede perder, pero bien, con un animal que ha hecho una buena pelea, ha hecho todo lo posible, ha demostrado lo que uno quería ver. Esa actitud ante la derrota es una de las cosas más difíciles de asumir y de aprender.
Por otro lado, también hay que saber ganar…
Así como hay que saber admitir que uno perdió a su ejemplar, también hay que saber ganar, y estar satisfecho con el desempeño del animal que fue vencedor. Pero no hay que dejar de analizar que si eso se dio, fue porque de alguna manera se presentaron las circunstancias para ese triunfo.
Su libro se titula, El Gallo Navajero Peruano. ¿Qué características tiene esa raza?
Es único en su tipo, su presentación, puede pesar 9 o 10 libras, es un animal de buen tamaño, de mucha fortaleza como el oriental, pero el nuestro tiene la belleza del gallo bankivoide, del inglés, del español. Es una fusión de lo que es el gallo oriental y el occidental; nuestro gallo es una mistura, es un trabajo realmente muy elaborado.
¿La afición a la pelea de gallos va en aumento o decrece?
Me atrevería a decir que la afición va en crecimiento. Yo tengo mi criadero en el distrito de Pachacamac, y aquí están los dos coliseos más importantes de la Asociación de Criadores de Gallos de Pelea y también del círculo gallístico.Hay coliseos arriba del puente Lurín, en Mala, en Cañete, Chincha, Ica. Contra los que piensan lo contrario, hay una amplia convocatoria y déjeme añadir que hay una gran afición en Cuzco y en Ayacucho.
¿La crianza de gallos es su pasión?
Es parte de mi vida, lo que podría sentir una persona con un espíritu ligado al arte, en lo que respecta a crear un animal que esté con todas las condiciones de belleza, para poder admirarlo mientras uno está en su criadero. Es una apuesta de vida que me ha dado mucha satisfacción.





