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IV FIL La Libertad: ejemplo de tenacidad y dignidad

Una feria modesta pero perseverante revela que la cultura liberteña resiste con dignidad. La IV FIL La Libertad confirma que apostar por la lectura es una inversión en ciudadanía.
Una feria modesta pero perseverante revela que la cultura liberteña resiste con dignidad. La IV FIL La Libertad confirma que apostar por la lectura es una inversión en ciudadanía.

CARLOS PÉREZ URRUTIA

Actualizado el 09/05/2026, 11:04 a.m.

El pasado 23 de abril, mientras en Trujillo se inauguraba la IV Feria Internacional del Libro de La Libertad, a muchos kilómetros de distancia, en Buenos Aires, también se inauguraba la 50ª edición de su Feria Internacional del Libro (la FILBA).

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Toda comparación, desde luego, es injusta. Sin embargo, basta con observar algunos hechos para tomar consciencia de nuestra distancia. Mientras que en Buenos Aires, autoridades, escritores, editores, libreros y lectores daban un brillo especial a su Feria, en nuestra ciudad las autoridades brillaron por su ausencia. Esa ausencia no es, para la cultura, un detalle menor, pues revela el lugar marginal que ocupan el libro y la lectura en la agenda pública.

Cultura postergada

¿Cuándo entenderemos la importancia de la educación, de la cultura y, especialmente, de la lectura en el desarrollo de una sociedad? Las autoridades, por una parte, menosprecian cualquier iniciativa en favor de la lectura; y, por otra, recurren a las formas más irracionales para obstaculizarla. No es raro leer o escuchar, por ejemplo, este tipo de comentarios de empleados o funcionarios públicos: “Denles cualquier espacio para que esa gente venda sus libritos”.

¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que una ciudad puede mejorar sin una política cultural seria? Solo cuando sepamos elegir —y exigir— autoridades realmente preocupadas por la educación, la cultura, la seguridad y los espacios públicos de encuentro ciudadano, tendremos posibilidades de contar con mejores ferias, mejores bibliotecas y mejores espacios de encuentro cultural.

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Tenacidad y dignidad

En este contexto, resulta invaluable el esfuerzo realizado por la Cámara del Libro de La Libertad. La Feria, desarrollada del 23 de abril al 3 de mayo en la Plazuela El Recreo, en homenaje al maestro Antenor Orrego, no fue un despliegue de abundancia. Fue una feria pequeña, modesta y austera; en algunos aspectos, incluso precaria. Pero justamente allí reside buena parte de su valor: se realizó a pesar de la mezquindad y la indiferencia. Y eso, en una ciudad donde la cultura avanza solo gracias a la fuerza de los sueños y a la tenacidad de unos pocos, constituye en sí misma una forma de dignidad humana.

Por eso, es loable el esfuerzo de la Cámara, más allá de las críticas legítimas que puedan hacerse a la planificación, la convocatoria o la gestión organizativa. Sin embargo, la programación confirma que no se trató de un gesto vacío. Hubo talleres, presentaciones de libros, conversatorios, recitales, conferencias y espectáculos musicales.

La Sala Antenor Orrego acogió actividades diversas: conferencias, presentaciones y conversatorios sobre figuras como José Faustino Sánchez Carrión y César Vallejo, además de la participación de Danilo Sánchez Lihón, Christopher Acosta, Américo Zambrano, Umberto Jara, Roberto Rosario, Kari De La Vega, Bethoven Medina y representativos escritores locales.

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Señal ciudadana

No todo habrá funcionado con la fluidez deseable, pero hubo una agenda sostenida y plural. Y, pese a la modestia material de la Feria, el público respondió. Las actividades contaron con una asistencia apreciable. Incluso fue necesario modificar la programación para incorporar presentaciones adicionales. ¿No es eso una buena señal? ¿No revela que existe una comunidad lectora, un público atento, una ciudadanía que aún desea encontrarse alrededor del libro, la lectura y la conversación?

Por eso, quienes estamos comprometidos con el fomento de la lectura y la cultura también debemos hacer un llamado de atención. Sería saludable preguntarle al alcalde y a los gerentes municipales en qué estado se encuentra ese hermoso proyecto anunciado con entusiasmo: la moderna biblioteca que, según se anunció, para estas fechas ya debería mostrar avances concretos. ¿Realmente se construirá? ¿Qué se ha avanzado?

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Gratitud pública

Volviendo a la Feria, mención especial merece el homenaje a Antenor Orrego. La programación incluyó conferencias y mesas dedicadas a su legado, a sus facetas intelectuales y a su presencia en la formación de líderes críticos. Recordarlo en una feria liberteña es afirmar que esta región posee una tradición intelectual que no debe tratarse como una reliquia, sino como fuente viva de pensamiento.

Igualmente significativo fue el reconocimiento en vida al escritor liberteño Carlos Sánchez Vega. Este fue, sin duda, un hermoso gesto y necesario. Toda comunidad cultural necesita aprender a honrar a sus creadores mientras todavía puede escucharla. Reconocer a un escritor local es una forma de gratitud pública y una invitación a mirar con atención aquello que la región crea, conserva y proyecta.

A veces, lo más valioso de un acontecimiento cultural no está en su brillo inmediato, sino en su persistencia. Esta feria existió, convocó público, sostuvo una agenda e hizo visible una primavera cultural que resiste. Ojalá su próxima edición no dependa solo del esfuerzo de unos cuantos. Apoyar una feria del libro no es un favor a los organizadores: ¡es una inversión en ciudadanía! Una ciudad que lee se piensa mejor; una región que reconoce a sus escritores, maestros y lectores empieza a imaginar con más dignidad su porvenir.

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