César Vallejo escribió sentidos poemas a la madre. Comparto algunas reflexiones en este segundo domingo de mayo, en un intento de conexión con lo sagrado.
Los Heraldos Negros
En su primer poemario, la madre aparece vinculada al hogar santiaguino, la nostalgia y la protección frente al dolor inexplicable del mundo. ‘Los pasos lejanos’ es, quizás, el poema más tierno y desgarrador sobre la vejez de los padres. Vallejo describe: “Mi padre duerme. Su semblante augusto figura un apacible corazón” y a la madre como un ser de una bondad casi mística. Revisemos: ”Y mi madre pasea ahora en los huertos, / saboreando un sabor ya sin sabor. / Está ahora tan suave, tan ala, tan salida, tan amor”. En el poema ‘A mi hermano Miguel’; aunque dedicado a su hermano fallecido, la madre aparece como el centro del orden doméstico, subrayando la unidad familiar que la muerte ha roto: “Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa, / donde nos haces una falta sin fondo! Me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá / nos acariciaba: ”Pero, hijos....(fragmento). Oye, hermano, no tardes / en salir. Bueno? Puede inquietarse mamá fragmento)”.
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Trilce
En esta obra vanguardista, la muerte de su madre (María de los Santos Mendoza) en 1918 se convierte en una herida abierta. La madre es la ausencia absoluta y el origen de la soledad del poeta. Poema III: Evoca la espera de los hijos y la angustia de no encontrar a la madre al regresar. Poema XXIII: destacamos este poema por la mención de los “bizcochos” y el alimento materno. La madre es la proveedora de vida, y su ausencia es un “ayuno” espiritual. “Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos / pura yema infantil innumerable, madre”. Poema LXV: es un tributo directo donde el poeta se siente un niño desvalido. La madre es el único lugar donde el “yo” no sufre la rigidez del tiempo. “Madre, me voy mañana a Santiago, / a mojarme en tu bendición y en tu llanto”. El desamparo en Trilce: el poeta se descubre solo en un mundo regido por números y leyes frías. El poema XVIII (las cuatro paredes de la celda) se vuelve una extensión de esa orfandad: sin la madre, el mundo entero es una cárcel o un lugar extraño. “Amorosa llavera de innumerables llaves, / si estuvieras aquí, si vieras hasta / qué hora son cuatro estas paredes. / Contra ellas seríamos contigo, los dos, / más dos que nunca. Y ni lloraras, / di, libertadora! (Fragmento).
Poemas Humanos
En su etapa final, la madre se universaliza. Es la madre como concepto de humanidad y sacrificio. Denota que la sensación de desamparo. En sus últimos poemas, Vallejo ya no solo llora a su madre biológica, sino que se compadece de la orfandad de toda la humanidad. El hombre vallejiano es aquel que “nace muy pequeñito” en un mundo que no lo comprende. La madre se convierte entonces en una utopía: ese lugar al que todos quisiéramos volver para dejar de ser huérfanos de justicia y de amor. “Hermanos, hay muchísimo que hacer”, decía Vallejo. Ese verbo “hacer” es propuesto para intentar reconstruir el amor materno (la solidaridad) en un mundo que ha quedado huérfano de Dios y de consuelo. Vallejo intenta reconstruir el refugio perdido a través de la solidaridad con otros seres sufrientes. Así, en el poema “Los nueve monstruos” se advierte la tarea de maternizar el mundo: volver a crear un refugio de justicia para los que están desamparados como él lo estuvo tras la muerte de su madre.
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España, aparta de mí este cáliz
Aunque es un libro de conflicto, la figura materna aparece en la imagen de las madres que sufren por sus hijos en el frente, elevando el dolor individual a un plano social y colectivo. Vallejo, en concreto y ante conflictos sociales, se orienta a lo “superhumano” distanciándonos que la madre no es una divinidad abstracta o lejana, sino una humanidad llevada a su máxima potencia. El refugio es un estado de plenitud casi sagrado, y el desamparo es la caída total en la orfandad de la existencia. Para Vallejo, la madre no es solo una persona; es una estructura de protección. Cuando ella desaparece, el mundo se vuelve “inhumano” porque pierde su calidez.
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La Madre Universal
En definitiva, Vallejo intenta reconstruir el refugio perdido a través de la solidaridad con otros seres sufrientes. En “Los nueve monstruos” nos cede la tarea de maternizar el mundo: volver a crear un refugio de justicia para los que están desamparados como él lo estuvo tras la muerte de su madre. Valorar a la madre más allá del tiempo y del dolor. La Madre es el Hogar: representa el espacio donde el hombre es pleno. La Madre es el pan: ella es quien reparte el sustento, tanto físico como emocional. La Muerte de la Madre es la Orfandad Universal: al morir ella, el poeta siente que toda la humanidad ha quedado desamparada ante “los dados eternos”. No obstante, no la limita a la muerte biológica. La pérdida de la madre en Vallejo representa una fractura metafísica: el momento en que el ser humano deja de estar “protegido” por el universo y queda expuesto a la intemperie. La Madre universal: refugio en el dolor ajeno. Vallejo es el “poeta de la humanidad y la orfandad” porque nadie como él ha descrito con tanta precisión física la calidez del refugio materno y el frío abismal que queda ante su ausencia física.
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La madre en la poética de César Vallejo
Es la madre como concepto de humanidad y sacrificio. Denota que la sensación de desamparo.