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La vorágine: novela de la selva

José Eustacio Rivera nació en Huila el 19 de febrero de 1888. Estudió Derecho y Ciencia Política en la Universidad Nacional de Colombia.
José Eustacio Rivera nació en Huila el 19 de febrero de 1888. Estudió Derecho y Ciencia Política en la Universidad Nacional de Colombia.

Saniel E. Lozano Alvarado

Actualizado el 28/08/2026, 10:22 a.m.

Antes de la irrupción del realismo mágico de la narrativa latinoamericana, que no solo se sacudía de una forzada dependencia con respecto a la novelística y literatura europea; igualmente, antes del ascenso al primer plano de la narrativa indigenista peruana, varias obras captaron nuestro interés, lectura, análisis y crítica durante nuestra adolescencia y en los propios estudios universitarios. Recordamos: “Don Segundo Sombra”, de Ricardo Güiraldes (Argentina); “Doña Bárbara”, de Rómulo Gallegos (Venezuela); y “La vorágine”, de José Eustacio Rivera (Colombia). No son las únicas, pero las mencionadas dejaron honda huella en nuestra sensibilidad; entonces aún no habíamos accedido a la narrativa peruana indigenista de Ciro Alegría o José María Arguedas.

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También dejamos de lado las formidables novelas de otro notable escritor colombiano: José María Vargas Vila; pero en este caso el tabú provenía de una irracional prohibición de inspiración religiosa y moral, así como de su enorme peso en la sociedad peruana de la época, proyectada también a otros países y sociedades.

Pero, con ocasión de haberse cumplido hace poco el centenario de “La Vorágine”, se han sucedido varias ediciones celebratorias, a las que nos adherimos con la presente entrega.

TRAZOS VITALES

José Eustacio Rivera nació en Huila el 19 de febrero de 1888. Estudió Derecho y Ciencia Política en la Universidad Nacional de Colombia, al mismo tiempo que se desempeñaba como empleado en el Ministerio de Gobierno.

En 1921 publicó “Tierra de promisión”, curiosamente no de carácter narrativo, sino poético, pues comprendía más de medio centenar de sonetos que el autor había publicado en varios periódicos colombianos.

Al año siguiente, en su condición de secretario de la Comisión Limítrofe entre Colombia y Venezuela, viajó a la selva fronteriza, donde presenció las condiciones de abandono de las comunidades indígenas, víctimas de injusticias y crímenes que se cometían especialmente en las zonas fronterizas.

En 1924 publicó “La Vorágine”, la gran novela que muestra las condiciones deplorables de las comunidades sociales en la época de auge de extracción del caucho.

En 1928 viajó a Nueva York con el propósito de que su novela fuera traducida al inglés, pero falleció el 1 de diciembre de ese año; se afirma que la causa de su deceso fue la malaria cerebral adquirida durante los días de su recorrido por la selva.

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EL TEMA DE LA NOVELA

La edición conmemorativa del centenario de publicación de tan notable novela destaca estos trascendentes valores:

“Su desafiante originalidad, su preocupación por todo lo que implica la vida en la frontera; su atención a la diversidad social, cultural, lingüística, amén de biológica, botánica y geográfica, su crítica a la expoliación extractivista de la selva y su denuncia de la esclavización que la fiebre del caucho impusieron a miles de personas —bajo el imperio del terror implantado por los mandamases extranjeros y colombianos, con la mirada muchas veces cómplice de nuestro gobierno—; su sensibilidad por la belleza incluso en la tragedia en la tragedia; su interpretación profunda de los móviles psíquicos y afectivos de la violencia y su fina introspección en la masculinidad y la feminidad de una sociedad en continua e incesante migración; su reconocimiento de las agencias y voluntades no humanas que también ocurren y obran en el mundo motivan nuestro quehacer”.

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PROYECCIONES DE LA SELVA

Precisamente, uno de los elementos físicos de la novela, la selva, en realidad el dominante y absorbente, no se limita al espacio colombiano, sino también se proyecta a los países vecinos, especialmente a Loreto, en el caso peruano, y también al venezolano, que comparten con Colombia el mismo escenario abigarrado, absorbente, afiebrado, delirante y despersonalizador.

Particularmente, en el caso de nuestra narrativa, una gran aproximación al escenario físico en el que se desarrollan los hechos es la importante novela “Sangama”, de nuestro compatriota Arturo Hernández.

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EDICIÓN DE HOMENAJE

En el conjunto de homenajes del centenario de “La vorágine” destaca la formidable edición preparada por la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, que contiene valiosos estudios sobre el tema, en cuyo conjunto destacamos los siguientes trabajos: “Más que ‘cosas de La Vorágine’: remolinos de incredulidad, barbarie e infortunio” (Ángela Zárate Díaz); “La vorágine, obra maestra de la imaginación geográfica” (Jhon Williams Montoya); “Arturo Cova y José Eustacio Rivera: una masculinidad cuestionada” (Norma Donato Rodríguez); “¡A 100 años de La Vorágine! Movilidad, deambular e imaginarios de la región” (Nicolás Sepúlveda Perdomo); “Las rutas de Rivera para narrar La vorágine” (Fabio Sambrano Pantoja).

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CONCLUSIÓN

De este conjunto de autores, nos quedamos con la observación de Williams Montoya:

“Cien años de haber sido publicada, La Vorágine continúa siendo un referente de los relatos geográficos contemporáneos de la región, la cual aún se nos aparece como exótica, como un paisaje completamente opuesto al de los Andes, que para los llaneros resultaban siempre amenazantes, según una referencia de Humboldt. El oriente se define aún por el dominio de los grandes espacios, la alta dispersión en la ocupación; la omnipresencia indígena, a pesar de haber sido diezmadas inmisericordemente en el periodo republicano y especialmente en el siglo XX; los ritmos de las estaciones y los efectos de las altas temperaturas sobre las llanuras cubiertas por pastizales; la figura del llanero a caballo e identificado plenamente con la actividad ganadera; pero también la selva, plagada no solo de los peligros de la naturaleza, sino también de hombres crueles, de aventureros y marginados”.

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