La premisa central que sugiere el propio título es la disolución de la frontera cartesiana entre mente/sentimiento y materia.
La premisa central que sugiere el propio título es la disolución de la frontera cartesiana entre mente/sentimiento y materia.

Esther Villafuerte (Arequipa, 1960), con su obra “El cuerpo ese otro sentimiento” (Arteidea, 2026), se presentó en la FIL Trujillo 2026, en la Feria Internacional FIP Lima y en la 50 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Argentina, donde Perú fue el país invitado.

El Cuerpo

La premisa central que sugiere el propio título es la disolución de la frontera cartesiana entre mente/sentimiento y materia. En el texto, las emociones no son abstractas; son vivencias encarnadas. Las cicatrices, la piel, los fluidos y el peso corporal funcionan como marcas de archivo que registran la trayectoria vital del sujeto lírico. Asimismo, el dolor y la cicatriz representan la vulnerabilidad, la cual no se plantea como debilidad, sino como el estado inevitable del contacto con el mundo. Finalmente, el deseo y la presencia del eros, que aparece despojado de idealizaciones puramente platónicas, anclado en la inmediatez sensorial de los sentidos. Es decir, el cuerpo como territorio de la memoria y la emoción.

La alteridad

El título cede una doble lectura: la posibilidad de que el cuerpo “mismo” sea percibido como un extraño (“ese otro”) o que sea la vía para encontrarse con el “otro” colectivo o interlocutor afectivo. Villafuerte explora el momento en que el propio cuerpo nos resulta ajeno (por el paso del tiempo, la enfermedad o el trauma) y debe ser reconquistado a través del lenguaje. “La poesía, como el cuerpo, piensa con la respiración, con la memoria, con la imaginación, con la creatividad” (p. 11). Desde su condición de madre exclama: “Me ha crecido el vientre / voy a parir un retoño” (p. 21).

Recursos estilísticos

Sensorialidad del lenguaje tiene la función recurrente de imágenes táctiles y viscerales que obligan al lector a experimentar el texto físicamente. Ritmo e intensidad que tienen alternancia entre versos/líneas breves y contundentes y pausas meditativas que simulan el flujo de la respiración. Discurre un tono de confidencia, brindando la construcción de una voz cercana, casi confidencial, que apela a la empatía inmediata sin caer en el sentimentalismo. Leamos: Toda conciencia comienza en la piel / en ese diálogo secreto donde nace la amistad / así llegan los amigos las amigas / como compañeros de carpeta (p. 40).

Filosófica y Social

Desde una perspectiva crítica, la obra dialoga directamente con la poesía escrita por mujeres en el Perú y Latinoamérica, donde la reapropiación del propio cuerpo ha sido un acto político y transformador. Denota ciertos puntos. 1) Desarticulación de la mirada ajena: el cuerpo no existe para ser objetivado por la mirada del otro, sino para ser habitado desde la vivencia interna (El cuerpo ignora que muere / cree florecer cuando su savia declina / y aplaude con millones de células / el lento incendio de existir” (p. 51). 2) Lo intrapersonal como colectivo: aunque los poemas/textos nacen de la intimidad, exponen vivencias universales sobre la pérdida, la soledad y la necesidad de vinculación. Leamos cuando se dirige a Luzgardo Medina (+): Vuelves a esta tierra desvelada de trinos. Aquí hasta las flores padecen insomnio. Han echado al viento nuestras ilusiones, como bufandas voladoras que los poetas visten. Tu nombre sigue caminando en las plazas, en los bares, en las conversas donde la amistad es militancia y el afecto poesía (p. 60).

Sueño perfecto

Leamos el poema “Sueño perfecto” de la obra de Esther Villafuerte (también explorada en textos como “Del cordón umbilical y otros monólogos”, 2020). En el poema “Sueño perfecto” (p. 57), la voz poética contempla a la madre desde la memoria y la afectividad encarnada: “y me sonreías con esa ternura madre-hija a través del cordón umbilical. / Oh madre de andar ligero y auras fatigadas”. Análisis crítico: El cordón umbilical deja de ser solo un vestigio anatómico del nacimiento para convertirse en un símbolo de continuidad corporal. El afecto no se teoriza: se transmite por la sangre, el tejido y el dolor compartido. El cuerpo de la madre es el primer “otro” que habitamos, y en el poema la conexión persiste incluso cuando el tiempo ha desgastado la materia física (“auras fatigadas”). En el mismo poema nos revela del cuidado y del amor: “acaricié tus tibias manos, palpé en tus dedos, los cinco críos que cuidamos juntas, a cuatro manos. Los ojos de las células más bellas me miraron”.

Conclusión

En “El cuerpo ese otro sentimiento” se construye una exploración poética y reflexiva sobre la condición humana desde una perspectiva fundamental: la corporalidad. Lejos de concebir el cuerpo como un simple contenedor anatómico o una entidad puramente biológica, la obra lo postula como un territorio afectivo, un espacio de resistencia y el vehículo primario a través del cual el sujeto experimenta el deseo, el dolor, la memoria y la alteridad. Esta obra poética destaca por su capacidad de nombrar aquello que suele quedar en la penumbra del pensamiento abstracto: cómo se siente existir físicamente en el mundo. Esther Villafuerte entrega una obra cuya fuerza reside en la honestidad de su lenguaje y en su negativa a separar la piel del afecto, consolidando un espacio de reflexión lírica donde sentir y habitar el cuerpo son exactamente la misma cosa.

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