En la Feria Internacional del libro de Lima se acaba de presentar “Anticanon Poético: 30 poetas peruanos muertos e invisibilizados II”, seleccionada y antologada por Jorge Luis Roncal, quien examina las líneas temáticas, las estrategias estéticas y el posicionamiento político de los autores seleccionados y a quienes, en vida, no se les reconoció por la valía de su obra. A diferencia del canon oficial (frecuentemente centralista, académico o ligado a circuitos de validación institucional), esta selección rescata voces periféricas, marginales y de un profundo calado existencial y comprometido.
COMPROMISO SOCIAL
Una de las vetas más potentes de la antología es la poesía de denuncia social, distanciada de los formalismos. Tenemos a Rosa del Carpio (1933-2023): Su poema “Clase de Geografía” expone las denuncias geopolíticas más descarnadas de la selección: “Niños: / El Perú al norte limita con el hambre, / al sur con el hambre” (p.36).
A través de la metáfora del “águila” que devora las entrañas de la patria, Del Carpio expone el dolor de la explotación oligárquica, humanizando desde la carencia. Julio Nelson (1943-2026) porta una poesía de raigambre andina y testimonial. En “No porque somos indios”, deconstruye las dinámicas de opresión y resistencia del campesinado con lucidez: “Los derrotamos, / no porque somos indios sino porque somos pobres” (p.99). Asimismo, rinde tributo a la militancia poética y el sacrificio en su poema a Javier Heraud “El poeta desenvaina / el corazón para la lucha. Sola misión / fue anunciar la estación nueva» (p.97).
MARGINALIDAD
El entorno urbano de finales del siglo XX aparece no como un espacio de modernidad, sino como un escenario sórdido de alienación, violencia y resistencia individual. Tenemos a Juan Paredes Carbonell (1936-2023).
“El hombre se cansó de vivir/entre los árboles/comiendo sólo frutas/saltando de una rama a otra/y decidió bajar de un brinco/a tierra firme/para andar como los Tyrannosaurus (p.114). Asimismo, Carlos Oliva (1960-1994) representa la urgencia de la poética contracultural (cercana a estéticas al Neo-barroco). En “Poema sin límites de velocidad” y “Lima I” (p.106), concibe la poesía a 200 km/h, libre y sin frenos, como un fluido corporal que se derrama sobre las esquinas de una ciudad enferma y psicótica. Su poética es confesional e instructiva: “Mi poesía en sí no tiene nada que ver con la poesía: / Es un clamor de condenado [...] es liberarme de mí mismo, / negarme a mí mismo, es decir, salvarme de mí mismo” (p.109).
DE GÉNERO
La antología recupera voces femeninas que exploran el cuerpo, el erotismo y la violencia patriarcal sin las mistificaciones del canon tradicional. Cito a Flor de María Ayala (1956-2009) quien explora la identidad femenina en entornos opresivos. En “Carmencita” (p.21), expone la cruda realidad del trabajo infantil y la explotación sexual urbana en una niña arrojada a “las fauces de la ciudad”. En “Beba Iznez”, subvierte los mandatos religiosos y sociales de sumisión, mostrando a una feminidad que madura a la fuerza y expulsa con uñas y dientes a la “Obediencia, pobreza y castidad” (p.23).
Asimismo, Águeda Castañeda (1948-1970) en su poema aborda la cruda realidad de la prostitución y la maternidad marginal. A través de un desgarrador diálogo implícito “puedo hablar de mares azules/de amores finiseculares/de flores y jardines/en la noche/lo único que queda en esta ciudad/es huir de ella/mis padres dignos “(p.47).
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TRÁNSITO EXISTENCIAL
El volumen también da espacio a escrituras de corte hermético, existencial o metafísico, donde el lenguaje se repliega sobre sus propios límites. Se incluyen textos de Esther Castañeda (1947-2010), quien destaca por una lírica urbana minimalista, de corte elíptico y nostálgico. Poemas como “Casandra” (p.45) o “Huir” (p.47) retratan la impaciencia, los cines de barrio, la alienación de los sábados por la noche y el desencanto absoluto frente a una ciudad de la que solo queda escapar.
Valoramos la inclusión de Tomás Ruiz (1968- 2001) para quien “la poesía es la única mujer/que asoma desde la tristeza su vagina en llamas/que ve brotar sus pechos en la tierra de los navegantes/y yo llego ahí para tomarla de la mano y marchar juntos/como sombras enloquecidas y sobrevivientes” (p.164).
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VARIADO CANTO
Los incluidos son: Rosa Alarco, Flor de María Ayala. Pedro Cabrera, Rosa del Carpio, Águeda Castañeda, Esther Castañeda, Alberto Colán, Shelma Guevara, Guillermo Gutiérrez, Sarina Helfgott, Víctor Ladera, Julio Nelson, Carlos Oliva, Teresa Orbegoso, Carlos Orihuela, Rodolfo Pacheco, Luis Pajuelo, Gustavo Pérez, Ricardo Quesada, Braulio Quiroga, Josemari Recalde, Evelyn Rondinel, David Sánchez Infante, Iván Suárez, Lola Thorne, Maritza Tueros, Ulises Valencia, Raúl Zárate.
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CONCLUSIÓN
El acierto crítico de “Anticanon II” está en demostrar que la gran poesía peruana del siglo XX y XXI no se agotó en las editoriales prestigiosas o en las aulas universitarias de élite. Al reunir a marginales, undergrounds, provincianos comprometidos y mujeres silenciadas, la antología configura un contra-espejo del Perú: un territorio donde la belleza lírica no evade la miseria, sino que estalla desde sus mismas grietas.
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