“¿Morir en la Arena fue escrita con mucho dolor?”, le preguntamos a Leonardo Padura sobre su más reciente novela, que se constituye en un testimonio de la resistencia de quienes permanecen en una Cuba marcada por la decadencia económica y de sus inevitables fragmentaciones familiares.
“En mi novela anterior, ‘Como polvo en el viento’, admití que la había escrito con las vísceras porque habla de la diáspora de mi generación, de las pérdidas de amigos que se han ido, de relaciones, de memorias que se han frustrado, pero esta tiene que ver con el destino de los que se quedaron. ‘Morir en la arena’ es de gente que conozco, que han compartido toda la vida conmigo y veo que están viviendo una época muy complicada de sus existencias, con muchas limitaciones, con muchas carencias y cada vez más. Esa sensación de dolor por lo que ocurre con mis contemporáneos, con mis colegas, con mis amigos, pues está allí en la novela”, dice el autor cubano.
En Morir en la Arena describes la realidad de una isla sumida en una crisis permanente que ha borrado la esperanza de un futuro mejor. ¿Cómo toman esa mirada las autoridades de Cuba?
No me dicen nada, pero mis últimos seis libros no se han publicado en Cuba, las novelas anteriores casi todas se publicaron, incluso algunas se han reeditado, pero ya últimamente es cierto que no hay papel; pero creo que tampoco hay mucha voluntad de publicarlas. En Cuba prácticamente nunca me entrevistan, nunca salgo en la televisión, se habla muy poco de mí, o nada.
Pero sigues viviendo en Cuba...
Vivo y trabajo en Cuba, donde no me siento perseguido, pero tampoco soy promovido. Y no pienso salir porque soy cubano y me gusta mucho vivir allí, soy un escritor cubano y necesito ese ambiente. La vida de la gente, las esperanzas, las frustraciones, las alegrías, las tristezas, la manera de hablar, ahí está ese contexto cultural al que yo pertenezco y permanezco, que son palabras que se parecen, pero no significan lo mismo. De eso hablo mucho en mi libro Ir a la Habana, porque es un libro sobre mi relación personal, histórica y literaria con la ciudad, sobre ese sentido de pertenencia.

¿Las malas decisiones políticas agravan más la situación de la isla?
En los últimos cinco años, después de la pandemia, hemos vivido una crisis aumentada, una crisis potenciada. La estructura económica del país ha demostrado ser ineficiente, se han tomado medidas que en lugar de intentar resolver determinadas situaciones las han empeorado. Por ejemplo, han provocado que haya una inflación brutal y que el costo de la vida se haya multiplicado y que por lo tanto el poder adquisitivo de la gente haya disminuido y que la vida sea mucho más dura. Todo esto se ha visto potenciado con la actitud del actual gobierno de los Estados Unidos hacia Cuba.
¿Ves una salida?
No lo sé, debe haber una salida, pero no sé cuándo, ni cómo. Predecir el futuro es un riesgo que no me atrevo a a asumir porque seguramente me equivocaré. Además, yo soy un observador de la realidad, no soy ni filósofo, escribo sobre lo que ha ocurrido o sobre lo que está ocurriendo, pero no me atrevo a hacer predicciones de futuro.
¿Eres un escritor cuyo proceso creativo ha ido cambiando con los años, o lo mantienes desde el primer día?
Soy muy disciplinado. Yo creo que de los escritores de mi generación en Cuba no soy para nada el de más talento, pero sin duda soy el más trabajador. Tengo unas rutinas que cumplo a destajo, escribo todos los días cuando estoy en Cuba y si estoy fuera haciendo promoción, y tengo espacios para escribir, también aplico esa rutina. La novela es un género que exige continuidad.
Un género que no soporta las medias tintas, es a tiempo completo y hay que saber para dónde ir.
Escribir los fines de semana no es adecuado para la novela, hay que escribir todos los días y eso yo lo hago con mucha conciencia. Y sobre todo, desde el principio, tengo claro para qué voy a escribir esta novela. Eso tiene que ver con lo que quiero decir en ese libro y es como la brújula que me sirve para armar el proyecto. Pero también, casi nunca sé por qué caminos me voy a mover, cómo voy a escribir la novela, generalmente lo descubro escribiéndola. Por ejemplo, en las novelas policíacas de Mario Conde,muchas veces al final de la primera versión, descubro recién quién es el asesino. No lo tenía, no lo sabía, eso me obliga, por supuesto, a reescribir el libro y a trabajar muchas versiones.
Eres muy obsesivo con el oficio.
Yo siempre he tratado en cada momento de escribir el mejor libro que he sido capaz de hacer. Y si no no resultó el mejor, ha sido por falta de talento, pero no por falta de esfuerzo.





