Lo que comenzó como un sueño, se convirtió en una realidad que hoy busca cambiar vidas a través del deporte del squash. En el sector Los Ejidos, un grupo de 14 niños y niñas de entre 8 y 10 años entrena cada semana con disciplina, ilusión y una meta que trasciende, gracias al proyecto Wayra.
Este diseño es una propuesta integral que combina formación deportiva competitiva, clases de inglés, tutorías académicas, acompañamiento psicológico y formación en valores para cambiar el destino de menores provenientes de familias de escasos recursos económicos.
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OPORTUNIDADES
La historia se remonta a la experiencia internacional de Micaela Ponce Rabinovitch, quien descubrió el potencial transformador del squash tras participar en torneos fuera del país.
“Al poder ver esas oportunidades increíbles académicamente que se pueden lograr por el squash, comenzamos con la idea de hacer este deporte más accesible, para que chicos de bajos recursos puedan tener estas oportunidades”, dijo.
Junto a su hermana Valentina y el impulso decisivo de María José Paz —del programa YTACEC de la Universidad de Piura— lograron estructurar las primeras clases. Lo que empezó con ideas sueltas y zapatillas donadas por jugadores locales, fue tomando forma hasta convertirse en un proyecto organizado y compromiso familiar.
Durante más de tres meses buscaron apoyo para costear las clases de inglés, conscientes de que dominar este idioma es clave para acceder a colegios y universidades en Estados Unidos. Finalmente, el Taft School brindó respaldo económico, lo que permitió incorporar a los menores a la academia Sherwood. Hoy los estudiantes reciben tres horas semanales de squash y tres de inglés.
“La línea final del proyecto es que los chicos consigan una beca en el extranjero para estudiar allá. Tienen que saber inglés y tienen que jugar squash”, afirmó Sharon Rabinovitch, madre de las fundadoras, quien explicó que la inspiración también surgió tras observar cómo en torneos internacionales los talentos deportivos eran captados para estudiar fuera.
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EL RETO
Pero Wayra no se limita al rendimiento deportivo. El soporte psicológico, liderado por la especialista Verónica Briceño, es considerado un pilar esencial. “Lo principal es que el niño se desarrolle como persona, que crea en él y que tenga sus grupos de apoyo fortalecidos”, sostuvo.
El trabajo incluye talleres grupales con padres e hijos, visitas domiciliarias y formación en habilidades blandas como responsabilidad, compromiso, no violencia y uso adecuado del tiempo libre. “Hay que educar muchas veces más a los padres que a los niños”, explicó la psicóloga, enfatizando que la familia es una pieza clave para que el proceso funcione.
Actualmente, el presupuesto del inglés está por agotarse, por lo que el equipo hace un llamado urgente a empresas, organizaciones y ciudadanos solidarios que puedan aportar desde 10 o 20 soles mensuales. “Si juntamos 50 personas que donen 20 soles, tenemos 1,000 soles y eso puede servir para los gastos de los chicos”, explicó.
Wayra proyecta crecer y la meta es sumar 15 nuevos beneficiarios este año y otros 15 el siguiente. El modelo toma como referencia la experiencia de Squash Urbano Colombia, iniciativa que ha logrado que más de 100 jóvenes estudien en el extranjero.
Sin embargo, más allá de las becas, el objetivo es formar agentes de cambio. “No solamente formamos deportistas ni expertos en inglés; la idea es formar seres humanos con valores que puedan dar la cara por el Perú. El llamado está hecho para ver más niños crecer”, expresó Sharon.





