Lisbeth tiene 15 años y soñaba con convertirse en médico. Sin embargo, permanece postrada en una cama, debilitada por un osteosarcoma (cáncer al hueso) de alto grado que se ha diseminado arrebatándole la posibilidad de caminar, estudiar y continuar con la vida que imaginaba. Su madre, Nieves Espinoza Calla, pide ayuda con el único propósito de aliviar el dolor de la adolescente hasta el final de sus días.
El mayor deseo de Lisbeth era terminar el colegio y estudiar Medicina para ayudar a otras personas. La enfermedad, sin embargo, la obligó a abandonar las aulas y permanecer bajo el cuidado permanente de su madre. Todo comenzó hace dos años con un persistente dolor en la rodilla.
Al principio, la familia creyó que podía tratarse de una lesión común e incluso lo asoció con el frío, recurriendo a tratamientos tradicionales en su natal Yanaoca, uno de los distritos de la provincia de Canas, en Cusco. No obstante, las molestias aumentaron y la menor fue sometida a exámenes médicos en el hospital Lorena de la ciudad del Cusco donde finalmente revelaron la presencia del cáncer óseo.
Tras el diagnóstico, los médicos recomendaron trasladar a la menor hacia el hospital oncológico Iren Sur en Arequipa con la esperanza de que Lisbeth pudiera recuperar su salud. La adolescente ingresó al hospital el 14 de octubre y comenzó a ser tratada. Durante dos meses fue sometida a sesiones de quimioterapia, Lisbeth creyó que se mejoría pero la enfermedad continuó avanzando.
Los médicos plantearon la amputación de la pierna derecha de la adolescente como opción para detener la enfermedad pero cuando todo estaba listo para la cirugía, se hizo una última evaluación que determinó que el tumor ya no podía ser operado debido a su extensión. El cáncer se habría diseminado y formado nuevas masas en la pelvis y otras partes blandas.
Desde entonces Nieves Calla convive con la resignación de perder a su hija que pasa la última etapa de su vida en una cama.
“Mi hijita está postrada en la cama, ya no se levanta. Todo le duele y cuando intenta moverse llora”, relató su madre que busca aliviar el dolor de su tercera hija con quien vive en una pequeña habitación alquilada en el distrito de Majes, Caylloma, donde su esposo se gana la vida transportando pasajeros en una mototaxi.
En los momentos más difíciles, la adolescente expresa que ya no soporta el dolor que tiene atrapado su cuerpo. Según Nieves, su hija le dice que quiere partir e irse “con Dios”, y aunque sabe que nada restablecerá la salud de su hija, lo que desea es que al menos no sufra.
A la fecha, la menor recibe tratamientos orientados principalmente a controlar el dolor. Su madre debe comprar analgésicos y otros medicamentos, entre ellos morfina, para reducir las molestias provocadas por el avance del cáncer.
A ello se suman los gastos de traslado, pues movilizar a Lisbeth resulta cada vez más complicado. La adolescente ya no puede levantarse por sus propios medios y cualquier movimiento le provoca un dolor intenso.
“Necesito apoyo para mi hijita. No tengo dinero y quiero que alguien pueda ayudarla”, pidió. Las personas que deseen colaborar con medicamentos o apoyo económico pueden comunicarse con Nieves Espinoza al número 935365886 que también tiene Yape a su nombre, Nieves Espinoza.





