El 23 de junio de 2001, luego de 133 años, la región rompió su silencio sísmico con la ocurrencia de un violento terremoto que produjo muerte y destrucción en los departamentos de Arequipa, Moquegua y Tacna. Este movimiento alcanzó grado 7 y 8 en la escala de Mercalli Modificada (MM) y 6.9 en la escala de Richter.
Víctor Aguilar Puruhuaya, especialista del Instituto Geofísico de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa, indicó que en la región el sismo dejó 35,600 viviendas dañadas y otras 17,585 quedaron en completa ruina.

Aguilar fue el encargado de la evaluación física de los daños y pudo registrar afectaciones en el edificio de 12 pisos de la Beneficencia Pública (exhotel Presidente), vidrios rotos en el mercado San Camilo, desplome de las Torres del ex INPE en Siglo XX, así como otros perjuicios en viviendas de la calle Rivero, Ayacucho, Puente Grau (rajadura en el extremo izquierdo), Santa Martha, San José y Colón. En Melgar cayó una casa y en Octavio Muñoz Najar, una vivienda construida en 1928 sufrió serios problemas en sus paredes, que se agrietaron por su antigüedad.
También hubo daños en el Hospital Goyeneche, el Hospital Nacional Carlos Seguin Escobedo, el comedor universitario de la UNSA, la facultad de Arquitectura y otras áreas de la casa de estudios, lo mismo que en algunos colegios antiguos.

Sin embargo, el mayor impacto fue el sufrido en la Catedral de Arequipa, con el desplome de la parte superior de su torre izquierda, la misma que al caer lentamente perforó la bóveda. La torre del extremo derecho no llegó a colapsar, quedando sostenida por rieles y refuerzos de concreto colocados durante su restauración después del terremoto de 1958.
El especialista también anotó que se presentaron grietas verticales en los extremos de las torres, junto a los ventanales, en la puerta principal de ingreso y en las claves de los arcos de las torres. Internamente, el techo tuvo grietas longitudinales en el contacto de la pared sur con la bóveda. Los portales exteriores ubicados a ambos extremos tuvieron grietas cerca de la unión con la nave de la Catedral. La iglesia Santa Teresa sufrió daños en las cúpulas y columnas. El templo de Santa Martha también tuvo fisuras, lo mismo que en la iglesia de San Agustín, San Lázaro, Señor de la Caña, Iglesia de Cayma, Santa Catalina, convento Santa Rosa.

De las 246 casonas existentes en la ciudad, 36 quedaron en pésimo estado a consecuencia del temblor, que ocasionó perjuicios en distritos como Yanahuara, Cayma, Cerro Colorado, Tiabaya, Socabaya, Characato, Sabandia, Paucarpata, entre otros.
TSUNAMI AFECTÓ EL LITORAL DE CAMANÁ
También hubo daños en las provincias, especialmente en Camaná, donde un Tsunami arrasó con el 90% de viviendas de material noble ubicadas próximas a la línea de costa. Dos mil hectáreas con productos agrícolas fueron acabadas por el agua. Los sectores más afectados fueron Pucchum, Santa Mónica, Santa Elizabet, Chule, La Calderona, La Deheza, El Chorro y La Punta.

El establecimiento penal quedó seriamente dañado con fisuras en sus paredes. En el colegio Nacional 41041 Cristo Rey, de 51 aulas que contaba, 9 fueron destruidas debido a que los agrietamientos en sus paredes y muros. La posta de Salud en La Punta fue destruida por el tsunami.

En Ocoña, 50 viviendas quedaron destruidas y también en las tuberías de conducción de agua, que dejó un 80% de pobladores sin suministro.
TESTIMONIO
Víctor Aguilar Puruhuaya, relató que eran las 15:33 horas en el instante que comenzó el temblor.
“Por debajo de mis pies sentí el paso de las ondas sísmicas y la tierra comenzó a temblar incesantemente, adquiriendo inusitada fuerza conforme pasaban los segundos que me parecían minutos interminables de terror y desesperación. Observé que mi vivienda y la de los vecinos se balanceaban de un lado a otro y las ondulaciones de la tierra podrían haber tenido una longitud de onda de 60 cm, aproximadamente. Se sentía el caer de paredes, pircas de piedras y sillares que se balanceaban de un lado a otro y de abajo hacia arriba, produciendo en todos los lados abundante polvo.......”, dijo.
Recordó que en los cerros circundantes y en los volcanes Misti y Chachani se producían un gran número de derrumbes de tierra y piedras. También se oía a los perros aullar incesantemente; mientras que, los animales en el campo corrían desesperados de un lado a otro hasta juntarse formando semicírculos.
“Durante el terremoto faltaba tranquilidad que no existía, miraba cómo las personas de toda edad se arrodillaban en el suelo pidiendo a Dios perdón y otros lloraban desconsoladamente buscando a sus familiares. Fue un caos total, se cortó el fluido eléctrico y el agua potable, se saturaron las líneas telefónicas y celulares. ¿Qué hacer en esos momentos en que no funciona nada?”, indicó.
Posteriormente al terremoto se producían réplicas y las personas salían de sus casas desesperadas hacia el patio, la calle y los parques para ponerse a salvo, se encontraban nerviosas, y no sabían qué hacer.
“Algunas no podían hablar porque pensaban que volvería a producirse otro terremoto, de ahí que se quedaran traumadas por los movimientos que sucedían a cada momento. No se encontraba movilidad para trasladarse de un lugar a otro y si existía, manejaban sin sentido de precaución, produciéndose varios accidentes de tránsito. La mayor parte de las personas transitaban a pie y otros corriendo desesperados en retornar a sus hogares para ver a sus familiares”, indicó.
“Después de estos años, aún quedan en el aire preguntas como: ¿Qué se aprendió del terremoto del 23 de Junio de 2001? No deben olvidar que ocurrió un día sábado, cuando la mayor parte de personas se encontraban almorzando o descansando? ¿Estaremos preparados para soportar otro terremoto de magnitud igual y que se produzca en un día de la semana, sabiendo que muchas personas trabajan, los niños y jóvenes estarán en los colegios, institutos y universidades. ¿La fragilidad de nuestra mente siempre olvida estos fenómenos que solo nos dejan tristeza y desolación?”, señaló el especialista, para motivar a las autoridades, academia y ciudadanos a reflexionar sobre el peligro latente de un sismo de similar intensidad, si no es más.
La prevención es la clave, y pasa porque los ciudadanos aprendan en familia cómo afrontar un sismo, lo mismo que en los centros de estudios y en los trabajos. Sin embargo, la principal responsabilidad es la de uno mismo, para estar informado y preparado para poder afrontar esta y cualquier otra emergencia.
“Considero que el peligro de un nuevo terremoto en la región del Sur del Perú, está latente, debido a que se sabe que el terremoto ocurrido el 23 de junio del 2001, no cumple las condiciones para ser considerado repetitivo del gran terremoto que se produjo en esta región el 13 de agosto de 1868”.





