POR: SARKO MEDINA
A punto de viajar a Brasil, el artista plástico hace una evaluación de estos intensos años de labor.
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Erly, ¿qué camino recorrió Ayar en 16 años? Paradójicamente, la obra como tal recorrió el camino del héroe clásico. Un cómic con muchas falencias, debilidades, torpezas y varios antagonistas, pero sin desfallecer en el camino. Es posible que sus defectos hayan generado más empatía que sus virtudes. Personalmente, siento que Ayar abrió las posibilidades de la gráfica en un espacio interdisciplinario entre lo cultural, comercial, educativo e incluso empresarial; partiendo de las limitaciones de la historieta dentro de las artes consideradas superiores hasta llegar a ser objeto de estudio académico y ejemplo de producto exportado. Sin embargo, el ser dos veces falsificada, en dos ediciones diferentes, fue la aprobación no planeada que la definió como un bien cultural popular para el consumo de masas.
¿Qué te enseñó Brasil en el tiempo que estuviste allí? La palabra autoconocimiento podría concentrar gran parte de lo que aprendí allá. Al ganar la beca para hacer la maestría, sentí que me convertía en un teórico, pero terminé produciendo más obras de las planeadas, consiguiendo participar en galerías y bienales que no estaban agendadas en mi calendario académico. El contacto con perspectivas contemporáneas hizo que rompiera mi modesta propuesta hacia una variada experimentación al margen de discursos formales, alejándome del conformismo personal.
¿Cómo defines tu pintura? Luego de una introspección, siento que mi pintura es primitiva y me siento cómodo allí. Me gustan las pinceladas cargadas y grotescas llenas de potencia y expresión. El óleo se convierte en una extensión de las imágenes de mi mente, cruzando la línea entre materia y espíritu. Podría ordenar dos propuestas a partir de mi producción: la simbólica minimalista con personajes mayormente andinos en planos generales, y la metafórica expresada en carnes y personajes icónicos populares. Es esta segunda la que se expondrá en São Paulo y la que me genera cuestionamientos agradables.
Acabas de abrir la galería Ave de Barro en Cusco y en julio expones en São Paulo. Ave de Barro se abrió gracias a Jordy Lizárraga, artista fundador del centro cultural Tunky en Cachimayo, Cusco. Hace meses venimos trabajando en proyectos y la galería era una meta conjunta. São Paulo es el regreso al mercado internacional con una propuesta más madura y cuestionadora sobre materia y espíritu, plasmada en carne y caricaturas, que viene asentándose en espacios expositivos con lenguajes universales.
¿La identidad andina vende mejor en el mercado internacional que en el peruano? El contexto de una cultura sostiene la idea de pertenencia en espacios ajenos. Los personajes andinos en el arte evocan cualidades identitarias; esto es evidente en mi propuesta minimalista de fondos blancos o dorados; gran parte de estas obras se encuentran en el extranjero. Este lenguaje visual parte de mi vivencia como andino en un mundo lleno de tránsitos e intercambios continuos. Por otro lado, mi propuesta sobre materia y espíritu plasmada en carne y caricaturas es la que viene asentándose en espacios expositivos con lenguajes universales; no tiene un objetivo mercantil, pero tampoco está exenta de ello.
PERFIL
Erly Almanza, artista
Estudió Artes Plásticas en la UNSA y obtuvo Maestría en Artes Visuales en la Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Porto Alegre. Creador de “Ayar, la leyenda de los Inkas”, publicada bajo el sello Editorial Planeta (2018).
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