La Compañía de Bomberos “Yanahuara Renzo Cané 140” soportó dos inundaciones. Lo que debía ser un espacio de auxilio se convirtió en zona de emergencia tras los huaicos provocados por el desborde de la torrentera Chullo.
El 19 de febrero, mientras la lluvia castigaba con fuerza, solo dos agentes permanecían de servicio. El capitán Ramiro Muñoz recuerda que la puerta estaba abierta por labores propias de la guardia. Cuando intentaron cerrarla, ya era tarde: el corte de energía eléctrica impidió accionar los sistemas y el lodo ingresó sin freno, cubriendo ambientes y equipos. Aun así, los bomberos no dejaron de salir a atender a las familias cuyas viviendas también se inundaban.
Al día siguiente, con apoyo de voluntarios de otras compañías, iniciaron la limpieza. Sin embargo, el 22 de febrero un segundo huaico volvió a golpear el cuartel y terminó de dañar equipos esenciales, entre ellos desfibriladores. De sus tres vehículos, solo quedó operativa una ambulancia.
La situación es crítica: no cuentan con camión contraincendios, lo que compromete la atención en distritos como Cerro Colorado, Cayma y Sachaca. Si se registrara un incendio en la margen derecha del río Chili, la unidad tendría que cruzar la ciudad desde otra compañía para llegar. Tampoco disponen de unidad de rescate, debido a daños en la batería y alternador.
Hoy solo pueden responder a emergencias médicas, sin estar equipados para incendios. Los portones quedaron descuadrados, no tienen agua ni electricidad y se perdieron equipos de uso personal como linternas y generadores eléctricos. Se estima que se requieren alrededor de 80 mil soles para recuperar lo indispensable.
En medio de la adversidad, se han iniciado coordinaciones con la Clínica San Pablo y la Cámara de Comercio para gestionar apoyo y reponer equipos. Mientras tanto, los bomberos siguen en pie, porque incluso cuando el agua y el barro arrasan, la vocación de servicio permanece firme.





