Nadar durante 17 horas seguidas, sin ver el fondo y guiándose entre corrientes, viento y oscuridad, parecía un desafío imposible. Pero para Milagros Carazas, ese sueño comenzó mucho antes de lanzarse al Río de la Plata y terminó convirtiéndose en una de las mayores hazañas del deporte peruano.
La nadadora completó los 41 kilómetros que separan Colonia de Sacramento, en Uruguay, de Punta Lara, en Argentina, una de las rutas más exigentes en aguas abiertas. La travesía, realizada un sábado 14 de marzo, marcó no solo el final del reto, sino el inicio de una historia que hoy inspira.
“Estoy agradecida por todo el proceso”, dice Milagros, aún con la emoción de haber sentido tierra firme tras 17 horas en el agua. Su logro la convierte en la primera mujer peruana en completar este cruce y en la segunda del Perú en lograrlo, después de Daniel Carpio, nadador cusqueño que participó en cuatro Juegos Olímpicos.
COMBINACIÓN DE ACTIVIDADES
A sus 43 años, Milagros combina su trabajo como psicóloga con su pasión por la natación. Lejos de las competencias, lleva una vida cotidiana, pero fue justamente esa rutina la que aprendió a organizar para perseguir un objetivo que parecía inalcanzable y seguir su pasión, la natación.
Su historia con el agua comenzó cuando era niña, entre los ocho y nueve años, nadando en el colegio. Con el paso del tiempo se alejó del deporte, pero tras convertirse en madre decidió volver, encontrando en las aguas abiertas una conexión distinta, más cercana a la naturaleza.
Antes de cruzar el Río de la Plata, ya tenía experiencia en largas distancias, durante tres años participó en la ruta Olaya, en Lima, una exigente competencia de natación inspirada en las hazañas del prócer José Olaya, que tiene un recorrido de 22 kilómetros que le permitió entender hasta dónde podía llegar su cuerpo y su mente.
Fue entonces cuando decidió ir más allá, motivándose a postular a la organización Open Water Argentina (OWA), responsables del desarrollo del evento y quienes regularon este cruce internacional y, tras ser aceptada, comenzó una preparación que duró nueve meses. Cada jornada de entrenamiento era un paso más hacia ese sueño.
Bajo la guía de su entrenador Gustavo Lores, quien logró obtener la triple corona de aguas abiertas, realizó seis sesiones semanales en el agua, sumadas a trabajo en gimnasio. También entrenó en el mar y en el lago Titicaca, buscando adaptarse a distintas condiciones y fortalecer su resistencia.
TRAVESÍA EN LA COMPETENCIA
La travesía comenzó a las cinco de la mañana, en medio de la oscuridad, el agua marrón del río impedía ver con claridad, pero con la salida del sol encontró calma y motivación para continuar. “El amanecer fue muy bonito, me dio tranquilidad”, relató Milagros a Diario Correo.
El cansancio apareció con fuerza cerca del kilómetro 26 y volvió en el tramo final, donde las corrientes y el viento hicieron más exigente cada brazada. Aun así, nunca pensó en abandonar y se concentró en avanzar.
Durante todo el recorrido contó con la compañía de su hija, Rafaela Navarro, quien desde la embarcación la asistió con alimentación, hidratación y apoyo emocional. Su presencia fue clave en una travesía que también se convirtió en un momento compartido de sueños y grandes logros.





