Pedro Morillas Torres es un exitoso empresario peruano y autor de varios libros ampliamente conocidos, que plantean una perspectiva diferente sobre los problemas del país, como: “País Combi” “Innovar y Divertirse Creando Riqueza”, “Impunidad S.A.”, “Bicentenario”, “¿Ahora Qué?”, “Sicarios Económicos” y otros. Sus últimas dos obras han sido publicadas en España por existir una tácita prohibición de producirlas en nuestro país.
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Cerca de un nuevo aniversario de la Independencia, en esta entrevista reflexiona acerca de algunos problemas de importante actualidad y la necesidad de adaptarnos a los desafíos de un futuro que se presenta particularmente complicado para el desarrollo nacional.
Señor Morillas, ¿Cuál sería el rostro del Perú en estos 202 años de independencia? Después de tan largo tiempo nuestro país debería ser un país más unido, mejor educado e igualitario, a pesar de su diversidad racial y económica. Debería tener peso propio en el contexto internacional, con ideales claros que señalen a dónde vamos y cómo los vamos a lograr, tal como los tienen países cercanos como Costa Rica y Chile o lejanos como Singapur, Vietnam y otros que, pese a su tamaño o precisamente por ello, han manejado mejor temas vitales como educación, integración y descentralización.
¿Por qué cree Ud. que las riquezas naturales del país no han dado la prosperidad esperada? La respuesta la resumo en una pequeña frase: por la corrupción particularmente en la clase gobernante, la que, incestuosamente apareada con un centralismo asfixiante, ha parido un fenómeno con una cabeza gigantesca unida a un cuerpo enorme pero enclenque. La misma que ha sido incapaz de crear en su inmenso territorio cinco o seis superciudades que compitan con Lima.
¿Cuál cree que es el mejor camino para alcanzar un mejor nivel de gobernabilidad? El mejor y más corto es copiando lo que otros países mucho más avanzados han hecho en un relativo corto tiempo. Como Japón por ejemplo que, terminada la Segunda Guerra Mundial formó la “Misión Iwakura”, un equipo de profesionales altamente capacitados de una moralidad intachable, dirigida por un técnico cuyo nombre tomó el grupo, y que viajó a los países más avanzados de la época con el objetivo de copiar lo que mejor funcionaba en todas las ramas de la actividad humana: tales como gobernabilidad, educación, economía, ciencias y tecnología, para después retornar a su país y aplicar lo aprendido. No hay nada de malo en copiar, pues todo o casi todo está ya inventado.
El aparato estatal ha caído en la corrupción y la ineficiencia en general. ¿Cómo resolver este problema? De la misma forma como nos deshicimos de las pestes y las pandemias: creando una poderosa vacuna que una vez aplicada el delito no vuelva a repetirse jamás. Esta debe consistir en dictar leyes bien pensadas y que, sobre todo, se hagan cumplir, algo que nunca antes se ha hecho, castigando muy ejemplarmente a los infractores.
¿A qué se debe que haya proyectos mineros paralizados, cuando más se necesita ejecutarlos? A que no se aplican las vacunas antes mencionadas. La solución actual está en encontrar fórmulas equitativas mediante re-negociaciones bien intencionadas por ambas partes. Ningún contrato ni ley están cinceladas en piedra, todo es susceptible de cambio, porque lo único que nunca cambia es el cambio mismo.
¿Cómo avizora el futuro político y económico del país, teniendo en cuenta el entorno internacional? Difícil, sumamente difícil, pero no imposible de solucionar. Precisamente por la turbulencia que existe en todo el mundo, particularmente en el Occidente, donde estamos viendo y sintiendo los estertores de un sismo de enormes proporciones que, como en un gigantesco parto dará a luz un mundo diferente, por la acción disruptiva de la pandemia y del surgimiento imparable de una nueva potencia internacional. Un mundo con nuevas reglas de juego y nuevas oportunidades, por lo que debemos estar atentos y apurarnos en re-diseñar un nuevo país.
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