El Perú pasó a encabezar un ranking como uno de los países más contaminados. Según el más reciente informe sobre calidad del aire elaborado por IQAir, el país se posiciona como el más contaminado de Latinoamérica, porque el aire en el 2025 tuvo en promedio 19.1 microgramos de partículas por cada metro cúbico; es decir, pequeñas partículas contaminantes que se respiran e ingresan al pulmón, al registrar partículas finas.
La cifra no solo supera el registro del año anterior, 17.1 microgramos por metro cúbico (µg/m³), sino que cuadruplica el nivel recomendado por la Organización Mundial de la Salud, fijado en 5 microgramaos por metro cúbico.

El deterioro también se refleja en la ubicación global: el país escaló del puesto 58 al 40 entre las naciones con peor calidad del aire. En la región, supera en contaminación a países como Chile, Colombia, Uruguay y Paraguay, lo que evidencia un retroceso sostenido en los indicadores ambientales.
Dentro de este escenario, Arequipa destaca negativamente. La ciudad registra el nivel más alto de contaminación por PM2.5 de partículas microscópicas no solo a nivel nacional, sino también entre varias urbes latinoamericanas, con 26.1 microgramos por metros cúbico (µg/m³). Este valor la coloca por encima de Lima (18.5 de microgramos) y de otras grandes ciudades de la región, consolidándola como el principal foco urbano de contaminación en el país.

El problema no se limita a estas dos ciudades. Otras como Trujillo y Cusco también presentan niveles que duplican lo recomendado por la OMS, lo que confirma que la mala calidad del aire se ha extendido a distintas zonas del territorio nacional.
Para la Asociación Automotriz del Perú (AAP), este escenario responde principalmente a factores estructurales. Entre ellos, destaca la antigüedad del parque automotor, que supera en promedio los 14 años en vehículos livianos y los 16 en unidades pesadas, muchas de las cuales continúan operando pese a tener más de tres décadas de uso. Esta situación, sumada a deficiencias en las revisiones técnicas, el incremento del parque automotor y al uso de combustibles menos limpios, agrava las emisiones contaminantes.
A ello se añade la congestión vehicular, especialmente en Lima, donde, según mediciones de tráfico recientes, los conductores pasan cada vez más horas detenidos, incrementando el consumo de combustible y la liberación de gases nocivos.
Frente a este panorama, se advierte que el país enfrenta un problema de salud pública que trasciende lo ambiental. La exposición prolongada a partículas finas está vinculada a enfermedades respiratorias y cardiovasculares, además de impactos en la productividad y calidad de vida.
El desafío pasaría por renovar el parque automotor, promover tecnologías más limpias, mejorar el transporte público y reforzar los controles.





