Álvaro Rojas Delzo, ingeniero civil con maestrías en Gestión Pública y Administración Estratégica, busca dar el salto del sector privado al Legislativo. El candidato de Renovación Popular propone una fiscalización agresiva contra las concesiones irregulares y defiende el modelo “fast track” para destrabar proyectos como la Carretera Central.
Más allá de las propuestas políticas, ¿qué busca Álvaro Rojas a nivel personal?
Busco trascender. Siete de cada diez personas no saben cómo se llamó su bisabuelo. Cuando viajé como mochilero a Egipto, sentí lo mismo que en Machu Picchu: somos un pedazo de arena en el desierto del tiempo. Quiero que mi hija y mis nietos vean que su padre hizo algo por su tierra. No voy para robar; el dinero no me mueve el piso porque he sabido generarlo en el sector privado. Quiero quedar inscrito en la memoria del tiempo como un Ramiro Prialé.
Usted militó 12 años en el PPC. ¿Por qué el tránsito a Renovación Popular?
Hay una deuda familiar. Mi abuelo materno, del PPC, fue asesinado por terroristas cuando yo no tenía ni un año. Me afilié al PPC a los 18 por su legado, pero tras perder la inscripción. Renovación Popular fue la línea natural es un partido que me abrió las puertas sin cobrarme ni un sol.
¿Cuál es su postura frente a temas polémicos como el aborto y la educación sexual?
Somos un partido pro-vida. Sobre el aborto, incluso en casos de violación, mantenemos una postura en contra; debo ceñirme al ideal del partido. En cuanto a la educación sexual, estoy a favor de enseñarla para prevenir abusos y embarazos, como me la enseñaron en el colegio Salesiano, pero sin caer en el libertinaje sexual. Sobre el caso de la congresista Jáuregui, aplaudo que ayude a niñas violentadas, aunque rechazo la exposición pública de sus fotografías.
¿Que va a caracterizar la gestión parlamentaria de Álvaro Rojas?
Tenemos un déficit vial mayor al 70%. El problema son las “empresas cascarón”: consorcios que alquilan el “cartón” de una empresa grande, pero no tienen ni una carretilla. Así pasó en la vía Concepción-Comas-Satipo: una empresa con solo siete trabajadores manejando 300 millones de soles. Como diputado, mi labor será fiscalizadora: con un celular y el RUC se puede detectar en cinco minutos si una empresa tiene capacidad operativa.
Como ingeniero, ¿Cuál es su posición sobre el futuro de la Carretera Central?
Rafael López Aliaga ya salió a decir que la carretera de cuatro carriles va. Él ha dado una alternativa que se puede hacer en menos de cinco años. Si viene un líder y te dice que lo puede hacer con la modalidad fast track —construir mientras se ejecuta el expediente—, debemos apostar por lo nuevo. Dejemos ese chip antiguo; yo también me pregunté “¿qué es esto?” cuando lo escuché, pero me puse a leer y la ley lo permite. Es la única forma de avanzar, la Carretera Central cobra más víctimas que el sicariato en Junín.





