
A pocos minutos de San Ramón, en la ruta que conecta la selva central con los Andes, un sendero de unos veinte minutos junto al río conduce a un atractivo que cada fin de semana convoca a familias, bañistas y curiosos: pozas de agua manantial formadas en la roca, a las que aquí llaman “jacuzzis naturales”.
El lugar es conocido como Fundo Turístico D’ Fortuna y su principal sello está arriba, en la montaña.

“Le pusimos el nombre ‘llanto del cerro’ porque hay dos ojos manantiales que nacen como si el cerro estuviera llorando”, explica Misail Roberto Tito Rojas, responsable del emprendimiento.
Desde esos nacientes, el agua desciende sin parar, alimenta varias pozas y termina en una piscina donde el flujo se mantiene constante.

“No está estancada, fluye permanentemente. Por más que sea invierno o verano, siempre es igual”, asegura.
El acceso es parte del atractivo. Desde la carretera principal, el fundo se encuentra a pocos kilómetros y el tramo final se realiza por una vía afirmada que, según Misael, “están mejorando” para que “puedan venir con facilidad los vehículos de todo tipo”.
En la entrada, ya se ven pequeños negocios y familias que llegan a pasar el día.

Quienes visitan el “llanto del cerro” lo hacen por paisaje, aventura y la idea de un baño “curativo”. Misael sostiene que el agua “contiene minerales” por filtración en piedra caliza, y que muchas personas vuelven por esa sensación de alivio y relajación. En el recorrido, el visitante encuentra escaleras, sogas de apoyo y avisos de seguridad.
“Recomendamos que no suban niños ni personas de la tercera edad sin compañía”, señala, al explicar que la subida a las pozas altas requiere cuidado.
Un gran circuito
El circuito suma una catarata fría, zonas de fotografía y una ribera donde la vegetación acompaña el trayecto. También hay medidas prácticas para el terreno. “Acá sufríamos deslizamiento. Sembramos bambú y ya no se desliza la tierra”, comenta, y lo propone como “defensa natural” frente a taludes inestables.
El potencial turístico no se limita al agua. En el fundo han levantado espacios rústicos para descanso y avanzan con servicios higiénicos y vestidores cerca de las pozas.
“Estamos enfocados en el agriturismo, para darle valor agregado a lo que la tierra nos brinda”, resume. En temporada, ofrecen platos locales y un área de recreación con piscina, restaurante y zona de parrillas.
La historia del terreno también aparece en la caminata. Misael recuerda que, antes, “todo este cerro era café”. Hoy, ese pasado agrícola convive con plantaciones de plátano, frutales y un proyecto turístico que busca aprovechar el paisaje sin perder su identidad rural.
Descubrimiento
Hay otro detalle que añade misterio. Al limpiar una de las pozas, Misael cuenta que hallaron “pedazos de jarrones de barro antiguos”. Ese hallazgo, dice, lo llevó a pensar en trabajos antiguos de exploración en el cerro.
“Estamos en etapa de descubrimiento”, comenta, sin afirmar certezas, pero reconociendo que la historia también atrae visitantes.
En un entorno donde la señal suele fallar, el emprendimiento se ha adaptado.
“No tenemos señal de ningún operador, pero puse una antena satelital. Así nos comunicamos por WhatsApp”, indica.
El “llanto del cerro” se consolida como una postal distinta de la selva central: agua que nace de la roca, circuito corto y una familia que apuesta por turismo con naturaleza en primer plano. Aquí, el visitante no solo se baña: recorre un paisaje que recuerda que, en la selva central, el turismo nace de respetar lo que ya existe.





