“Tenemos miedo. Ya no podemos estar en nuestra casa”: es la frase resume lo que viven hoy cientos de familias de las comunidades afectadas por los últimos movimientos sísmicos en las provincias de Chupaca y Huancayo. El miedo ya no se queda en el momento en el que la tierra comienza a moverse. Ahora permanece después de cada sacudida, cuando los pobladores miran sus paredes rajadas, los techos que se desplomaron y los cerros desde donde caen rocas.

El miedo volvió con fuerza el jueves 6 de agosto, primero con un sismo de magnitud 5.0 que afectó principalmente a sectores del valle del Canipaco, entre ellos Chicche, Chongos Alto, Huasicancha, Carhuacallanga, Colca y Chacapampa, además del anexo de Socos, en Chupuro.

Según el Instituto Geofísico del Perú (IGP), en las horas siguientes se registraron nuevas réplicas de magnitud 3.5, 3.6, 3.7 y 4.4. En apenas dos días, la tierra volvió a moverse varias veces y devolvió a las familias un miedo que recién comenzaban a dejar atrás.

Persiste el temor

En las noches, muchos prefieren dormir afuera antes que regresar a sus viviendas. Algunos han improvisado carpas con palos, fierros, plásticos y mantas; otros se acomodaron en los exteriores de locales municipales para protegerse del frío. Hay también quienes ya tomaron una decisión más difícil: abandonar las casas donde vivieron durante décadas porque sienten que quedarse puede poner en riesgo sus vidas.

Una pobladora de Colca contó que ya no puede entrar a su vivienda porque una parte de la estructura colapsó y las paredes presentan rajaduras. “Hemos amanecido encogidos como gallinas. El frío es fuerte, nuestra casa está colapsada y por eso necesitamos ayuda”, relató.

Desesperación

En el anexo de Quishuar, en Chicche, el miedo también está en los cerros. La familia Vilcapoma contó que los niños lloran cuando intentan regresar a sus viviendas porque temen que una nueva réplica provoque el desprendimiento de más rocas. La misma preocupación se repite en Socos, en el barrio Unión Progreso. Uno de los pobladores contó que tuvo que correr por su vida cuando una roca cayó detrás de él.

“Prefiero salir de ahí porque la roca me corretea”, relató. Son alrededor de 80 pobladores y algunos ya abandonaron el sector. Otros se preparan para hacer lo mismo y piden transporte para sacar las pocas pertenencias de valor que todavía conservan y llevarlas a un lugar seguro. Otra madre de familia también decidió marcharse: su vivienda se derrumbó y sus hijos lloran todos los días por los movimientos telúricos y el desprendimiento de rocas.

La vivienda de Victoria Castañeda quedó inhabitable luego de que el techo se desplomara. Junto a sus dos hijos tuvo que construir una carpa improvisada con palos, fierros, plástico y mantas, al lado de sus animales. No recibió una carpa de las autoridades y ahora tendrá que pasar las noches a la intemperie, intentando protegerse del frío.

En Huasicancha, decenas de pobladores también prefirieron dormir en los exteriores de la sede municipal. Acondicionaron el piso de cemento con colchas y frazadas y se juntaron unos con otros para conservar el calor. Entre ellos había niños, adultos mayores, personas enfermas y personas con discapacidad.

Una de las imágenes que refleja esta situación es la de Elisa Muñoz Saldaña, una adulta mayor que decidió dormir en el patio de su propia vivienda, junto a sus animales. Con palos y leña armó una especie de cama y se cubrió con sus mantas. Aunque sus vecinos le pidieron que abandonara el lugar y se refugiara en una carpa, ella se negó. No quería dejar su casa ni a sus animales.

Los daños

En Chicche, el alcalde Julián Lozano informó preliminarmente que existen 400 viviendas afectadas, de las cuales 220 están inhabitables. La provincia entregó 100 frazadas y el Gobierno Regional otras 50, además de 50 kits de alimentos. En Chongos Alto se reportaron 45 viviendas afectadas y alrededor de 150 personas perjudicadas entre Llamapsillón y Palaco. En Huasicancha, el alcalde Agustín Taipe Flores reportó inicialmente cinco viviendas inhabitables, aunque la cifra todavía estaba en evaluación.

Respuesta

El subgerente de Defensa Civil del GRJ, José Augusto Vázquez Loaiza, reconoció las dificultades para atender la emergencia y señaló que uno de los principales problemas está en el primer nivel de respuesta, a cargo de los gobiernos distritales, que debieron contar con reservas de carpas, frazadas y alimentos.

Explicó que la atención debe comenzar en los distritos, continuar en la provincia y finalmente llegar al Gobierno Regional; sin embargo, la falta de preparación terminó recargando el trabajo de las instancias superiores, que además continúan atendiendo a los damnificados del sismo del 18 de julio.

Por ello, pidió a los alcaldes culminar los padrones de damnificados, trabajar de manera conjunta y modificar sus presupuestos para destinar recursos a la emergencia. Mientras las autoridades actualizan las cifras, las familias siguen esperando una carpa, una frazada, alimentos o un vehículo que les permita salir de un lugar que ya no sienten seguros.