El recuerdo de lo vivido sobrevive al instante; al momento en el que dos personas, por ejemplo, prometen escribirse siempre antes del inevitable adiós. Con el tiempo, quizás la correspondencia no funcione; pero el recuerdo será eterno, si es que lo vivido realmente marcó la vida de cada uno. El trabajo de memoria que los seres humanos podemos realizar es capaz de prolongar el adiós y perpetuar el diálogo. Harry Ledgard, el narrador protagonista de la novela Minako (London boy meets Tokyo girl) no solo vive una situación similar a la descrita, sino también nos recrea -a través de la evocación y la narración intimista- su episodio de amor con la carismática y sorprendente Minako. El autor del libro, Mauricio Sebastián, se inspiró en la historia real que está detrás de la canción Tokio Girl, melodía compuesta por la cantante japonesa de pop Minako Honda en colaboración con el mítico guitarrista Brian May.
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La novela comienza con la llegada de Harry Ledgard y Brian May a Tokio, veinte años después de su primera visita a esta ciudad japonesa. Desde un inicio, el tono nostálgico de la narración nos advierte que la historia no tendrá un final feliz, al menos no desde lo convencional; “traté de recuperar los pequeños signos del Japón nítido y moderno, pero más armonioso, de mi primera visita, diminutos elementos que trajeron consigo el recuerdo del viaje a Nikko y la sonrisa de Minako mientras jugaba con desconocidos”. Al pisar nuevamente el país nipón, Harry Ledgard comenzará a evocar por qué se dedicó a la música y, sobre todo, recordará cómo conoció a Minako y qué fue lo primero que le llamó la atención; “regresó acompañado por una joven de estatura apenas por debajo del promedio, de flequillo redondeado y dientes sobrepuestos”. El tono nostálgico inicial, sin embargo, no es una constante en el relato; por el contrario, ya sumidos en la memoria del protagonista, las acciones narradas tendrán una atmósfera festiva, juvenil y romántica.
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Una novela juvenil de cualquier época
Minako (London boy meets Tokyo girl) es una novela de esta época, pero que bien podría significarse en cualquier otra. Esto último, desde mi perspectiva, es el mérito más importante de Mauricio Sebastián; este joven narrador usa los recursos de la ficción para contarnos una historia ambientada principalmente en los años 80 con una voz narrativa que habita en los primeros años del presente siglo. El recurso principal no es el recuerdo en sí, sino el lenguaje sencillo, pero que de repente logra situarnos en otra línea de tiempo. Ahora bien, la narración siempre conserva su linealidad; por eso, justamente, los saltos de tiempo y espacio no son forzados, sino naturales.
Otro de los méritos del libro tiene que ver con la verosimilitud del relato. Aun cuando hay un hecho real que propició el origen de la historia, lo cierto es que la trama central en la que se narra el amor entre la chica de Tokio y el chico de Londres no es real, sino forma parte de la ficción. Harry Ledgard, el protagonista, no existe como sujeto real; es producto de la invención de Mauricio Sebastián. Sin embargo, su existencia en la ficción es producto de las distintas voces que simbolizan el sentir de una época, la pasión por una cultura y la necesidad de vivificar el amor por más fugaz que pueda ser. Beatriz Sarlo señala que la narración de la experiencia está unida al cuerpo y a la voz, a una presencia real del sujeto en la escena del pasado; esto último se presenta muy bien en la historia que protagonizan ambos jóvenes; “bajé la cabeza sin dejar de ver el rostro parcialmente iluminado de Minako y le quité el short blanco y la ropa interior. Luego hice lo mismo con mi ridículo disfraz nocturno (…) -Por favor, hazlo con sumo cuidado- me suplicó con cierta vergüenza-. Es la primera vez que lo haré”.
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El adiós físico siempre llega. Afrontar la partida de un ser al que hemos amado tanto nos hace reconocer que la vida es como aquel pueblo lejano que Kafka nos presenta en uno de sus relatos: cuando iniciamos el camino para llegar a él, lo vemos tan lejano, casi imposible de alcanzar; pero, cuando ya estamos por llegar, nos sorprende lo tan breve que fue. La vida pasa como una exhalación y el pueblo está ahí, muy cerca. La historia que Mauricio Sebastián nos presenta en Minako (London boy meets Tokyo girl) tiene un final así, tan breve como la extensión de la novela, mas los recuerdos que el protagonista ha cobijado en su memoria y que los lectores hemos podido descubrir son tan perdurables como los que tenemos todos nosotros cuando recordamos a las personas que hemos amado tanto y que ahora ya no están. Hoy, la novela de Mauricio Sebastián me ha hecho pensar mucho en ella, más que de costumbre.

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