“Ayúdenme por favor. Yo solo tengo 15 años. Mis padres están en Venezuela. Vine acá con engaños hace cinco meses (…) Me han mandado a la calle para prostituirme (…) soy una niña. Si no salgo a ‘trabajar’, a traerles plata, me insultan, me apuntan con la pistola, dicen que me van a matar. No aguanto más”. Este fue el mensaje de audio que envió una adolescente venezolana desesperada a un número de la Policía Nacional que la llevó a su rescate del infierno que vivía, secuestrada, en una casa en El Agustino.
Así como ella hay cientos de menores, la mayoría extranjeras, que son explotadas sexualmente por diferentes organizaciones criminales y buscan la forma de escapar de ese mundo.
En el Perú, la explotación sexual se ha incrementado en los últimos cinco años. Son alrededor de mil 400 mujeres que han sido registradas por la Fiscalía de Trata de Personas como víctimas de este delito durante el año pasado, pero lo más preocupante es que la Policía reportó 190 casos de menores de 12 a 17 años que fueron introducidas en este ilegal negocio.
El coronel PNP, Juan Montufar Lezama, jefe de la División de Investigación de Delitos de Trata de Personas, informó que, en lo que va del año, se ha rescatado a más de 30 menores extranjeras, y se ha realizado 133 detenciones por el delito de explotación sexual. También, se ha desarticulado 40 organizaciones criminales.
Lo lamentable es que no se tiene una estadística exacta de las menores introducidas a este mundo pues, los mafiosos les entregan documentos falsos y las mantienen en zonas alejadas, como las minas.
Estas organizaciones criminales perciben al año, por cada víctima, más de 20 mil soles, señaló el referido oficial.
PERFIL. El coronel Montufar informó que las edades de las menores traídas desde Venezuela para ser explotadas oscilan entre los 12 a 17 años. “Lo malo es que a veces no aparentan sus edades o tienen documentos falsos”, dijo.
Asimismo, el oficial sostuvo que las menores son las más requeridas por los clientes, que pagan entre 100 a 150 soles por sus servicios.
ORGANIZADOS. La cadena de estos delincuentes se inicia con el “captador”, quien busca a las víctimas por las redes sociales y las selecciona. En algunos casos estos sujetos son muchachos guapos, que las enamoran y las engañan fácilmente. En otros casos, selecciona chicas con necesidades económicas. Se introduce en su entorno llegando a conocer a su familia y así saber el punto débil de las muchachas y utilizarlo si se niegan a seguir sus órdenes.
“El captador les ofrece un trabajo como anfitriona y pagarles entre tres o cinco mil soles”, explicó el coronel Montufar.
Una vez que convence a la víctima, el “captador” le entrega el control de la misma a un “asesor”, que se ocupa de su traslado. Y cuando la joven llega a Perú, descubre la cruda realidad.
Las muchachas son internadas en la “casa de acogida”, donde son controladas por la “mami”.
“Por último, está la persona encargada de cobrar los cupos. Las chicas deben pagar por el traslado y una vez que son colocadas en una zona, la suma varía entre 200 y 250 soles por semana. Estos montos se verán acrecentados por multas”, contó Montufar.
VENGATIVOS. Intentar huir de las garras de esta mafia es mortal, pues las amenazan con matar a sus familias, en Venezuela. Les muestran videos de asesinatos de padres o hijos de otras meretrices que se rebelaron. Y si no cambian de actitud las torturan, y les va peor si colaboran con la Policía o con sus rivales.
“Estamos trabajando para reducir el número de víctimas. Realizamos operativos a diario junto a Inteligencia, que se infiltra en este mundo para extraer información”, refirió el coronel Montufar.





