Con el temor reflejado en sus rostros, los conductores de la empresa Translima retomaron sus labores luego de permanecer tres días sin operar por los constantes atentados extorsivos de los que son víctimas.
Tras el regreso de las unidades a las calles, los trabajadores aseguraron que cada jornada representa un riesgo para sus vidas y que continúan laborando por necesidad económica.
Los choferes de las rutas 21, 29 y 18 denunciaron que son blanco de al menos seis organizaciones criminales que les exigen pagos diarios para permitirles trabajar.
Según relataron, además de montos que alcanzarían los S/50,000 como “derecho de operación”, los delincuentes cobran cuotas diarias por cada vehículo bajo amenazas de nuevos ataques.
“Uno trabaja siempre con miedo, pero si no salimos, no llevamos el sustento a la casa”, expresó uno de los conductores durante un recorrido.
Los transportistas reclamaron una mayor presencia policial y acciones concretas para frenar la ola de extorsiones que afecta al transporte público en Lima.
Situación
La empresa ya había sido blanco de otros atentados durante julio. Uno de sus conductores murió tras un ataque en Carabayllo y otro resultó herido en Los Olivos.
El más reciente de estos ataques ocurrió la noche del pasado martes, en el cruce de las avenidas Universitaria y San Carlos, en Comas. En este punto, una camioneta le cerró el paso a una cúster de la compañía. Instantes después, un sicario baleó la unidad, con total desprecio por la vida del conductor y sus pasajeros.
“Alinéense con ‘Los Albaneses’, sino mañana dejo otro muerto”, se leía en una nota dejada por los criminales tras el ataque. Si bien no se reportaron heridos ni víctimas mortales, el ataque armado causó pánico entre pasajeros y transportistas.
Contexto
Estos ataques ocurren en pleno estado de emergencia, ampliado el 28 de junio por 3 meses, y que acaba a fines de setiembre.





