La obra de Mario Cavagnaro, de absoluta vigencia,merece un estudio profundo y también el reconocimiento de los peruanos. Por eso, para celebrar su centenario y difundir su extensa obra se ha previsto un recital con ambiente de jarana en el Gran Teatro Nacional este 21 de febrero.
Destacados intérpretes de nuestra música se han comprometido para rendir tributo al compositor. Nadale Producciones ya confirmó a Maritza Rodríguez, Marco Romero, Jorge Pardo, Los Ardiles. Igualmente, estarán Carlos Mosquera -de la agrupación Cosa Nuestra- y un invitado sorpresa. Todos ellos, bajo la dirección musical de Felipe Pumarada y grandes músicos como Carlos Ayala, Leonardo Gigio Parodi, Moíses Lama, entre otros, queo repasarán el valioso repertorio que nos dejó el maestro Cavagnaro.
HISTORIA. Mario Angel Cavagnaro Llerena nació el 16 de febrero en Arequipa. Al llegar a Lima, ingresó al colegio Salesiano donde destacó especialmente en los talleres artísticos. Sus ojos infantiles y adolescentes vieron la transformación de Lima desde mediados de los años 30’ hasta los años 60’ y 70’. Y lo captó todo. Eso se reflejaría en las piezas musicales que le entregó a la música criolla, tales como “Lima de octubre” o “Lima de novia”.
Cavagnaro, que en 1949 se había recibido como ingeniero químico por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, se convirtió desde la mitad del siglo pasado en un protagonista intenso de las sonoridades de Lima, estuvo atento a la exquisitez del limeño gagá como al del gusto popular. “Carreta aquí es el tono” o “Yo la quería, patita” son dos obras que pintan de cuerpo entero su aporte en el llamado vals con replana. “Los Troveros Criollos”, dupla conformada por Lucho Garland y Jorge Pérez, fueron los mensajeros de sus canciones.
CLÁSICOS. Pero don Mario también escribió ‘La Historia de mi Vida’ y logró que el cantante Roberto Tello se convirtiera en un suceso. A esta pieza sumamos otro valse: ’La noche de tu ausencia’. Y la dupla Cavagnaro-Tello nos llevan a una Lima elegante y amorosa, a una Lima con fragancia evocadora, de amores y amoríos. Todo un caudal de emociones que don Mario aprovechó para regalarnos sus canciones.
Y así como nos entregó valses, también hizo lo mismo con los boleros. “Osito de felpa”, grabado por Julio Jaramillo o Fetiche, solo por citar algunas voces. O “Emborráchame de amor”, que también llamó la atención de Héctor Lavoe, son apenas dos ejemplos de un Mario Cavagnaro inmenso y cuya obra se mantiene vigente.





