El liderazgo en el teatro no debe basarse en la tiranía o la inseguridad, sino en la escucha activa, la paciencia y una conexión emocional genuina con el elenco. A esa conclusión ha llegado Ricky Pashkus, experimentado director argentino, quien conversó con Correo para anunciar las presentaciones en Lima de “La Ballena”. En la obra, que se presentará los días 5, 6 y 7 de junio en el Canout, Pashkus dirige al primer actor argentino Julio Chávez, en un papel que le dio el Oscar a Brenda Fraser.
“Julio es mi amigo de toda la vida, y sí, se puede separar la amistad del trabajo con mucha paciencia, tolerancia y capacidad de escucha. Lo que pasa en esa obra Julio sabe más que yo; no puedo dejar de escuchar a alguien que sabe tanto”, dice Pashkus, que el año pasado dirigió en la exigente cartelera teatral bonaerense: “Mamma mía”, “Pretty Woman” y “La Ballena”, tres pesos pesados.
Definitivamente, dirigir “La Ballena” con un actor tan grande como Julio Chávez no es una tarea fácil, puede resultar intimidante.
Con él no se trata de dar órdenes en el mejor sentido de la palabra. Con Julio es acompañarlo, mirar con él, reconocer, y cuando no se coincide ser muy estricto e insistir. Si yo no lo escucho soy un necio, un soberbio, porque sé que todo lo que él pida tiene que ver con el proyecto, nunca con el ego. Tiene el desborde, sí, es verdad, pero apasionadamente a favor del proyecto.
¿Un buen director de teatro es alguien que es casi un tirano, o el que busca una propuesta para que el público disfrute?
Claramente creo que es la segunda opción. Ser tirano es una pose que tiene mucho que ver con la inseguridad. Yo no le puedo pedir a un actor verdad, vulnerabilidad, un trabajo sensible, un trabajo al servicio de la obra que implique ver su rostro, y yo tener cara de monstruo.
Eso nunca resultará...
Necesitamos mirarnos a los ojos y yo no creo que pueda andar a los gritos. Tú me tienes que mirar confiando en mí y yo te tengo que mirar a los ojos a ti y eso se construye.
¿Dirigir un musical como Mamma Mía o un drama intenso como La Ballena tiene la misma exigencia?
En este caso son dos obras comerciales, pero yo siempre lo defino como ser piloto o capitán de un transatlántico y de un barquito. Las dos tienen sus problemas, diferente cantidad de colaboradores, de detalles, estructuras, diferentes inversiones, por lo cual son diferentes presiones.

Hay mucho dinero de por medio en los musicales.
Si tú inviertes en una obra millones de dólares, no es lo mismo, que 50 mil, aunque para alguien puede parecerlo. Perder puede parecer lo mismo, pero no lo es. Yo hice dos años Los Productores, esas obras tienen 100 personas trabajando, así que no es lo mismo que La Ballena porque para mantener tanta gente es bien complicado. Durar dos años en temporada, hoy en día en la Argentina, de eso ya no hay.
¿Cuál es la tendencia?
Hace muchos años, una obra que tenía mucho éxito hacía tres temporadas o cuatro. Hace algunos años eran dos, hace poco fue un año, en Argentina hoy es raro que una obra dure mucho, salvo éxitos muy especiales, y el resto estamos muy contentos si tenemos siete meses de buena repercusión.
¿Y a La Ballena cómo le va?
Está en cartelera desde hace un año, hemos tenido un éxito muy grande y sin duda, estoy feliz por eso, pero hay que entender que La Ballena es una excepción. La idea de hacer la gira por Perú, Chile, Paraguay, salió del deseo fuerte de Julio Chávez y de mi parte en la producción. Creemos que todos los elementos que atraviesan la obra merecen verse.
No solo el protagonista vive su drama, también todos los integrantes de la historia.
En la historia hay un una enfermedad, un obeso mórbido, pero también hay una relación de amor entre el personaje de Charlie y su ex fallecido. Se habla de la homosexualidad, se habla de la relación con una hija, también con una mujer que no aceptó y lo puedo entender, que su marido un día le dijo: he descubierto a una edad no previsible que soy homosexual. Son temas entrañables que nos parecía que a todo el mundo en Latinoamérica en su emocionalidad tenían que interesarles. Creo que sí, va a ser un éxito definitivamente.





