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¿Qué debes saber antes de adoptar un perro si tienes un bebé en casa?

Más de la mitad de los hogares peruanos tiene al menos un perro. Si también hay un bebé en casa, la adopción requiere planificación, supervisión constante y cuidados veterinarios.
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Más de la mitad de los hogares peruanos tiene al menos un perro. Si también hay un bebé en casa, la adopción requiere planificación, supervisión constante y cuidados veterinarios.

Redacción Diario Correo

Actualizado el 14/09/2026, 10:19 a.m.
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Adoptar un perro cuando hay un bebé en casa implica incorporar una nueva rutina de alimentación, paseos, cuidados veterinarios y adaptación. También requiere establecer medidas de seguridad para que el niño y la mascota puedan convivir sin exponerlos a situaciones de riesgo.

En Perú, el 51,7% de los hogares tiene al menos un perro, según la Encuesta Nacional de Programas Presupuestales 2024 del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Entre los hogares que tienen estos animales, el promedio es de 1,8 perros.

El Ministerio de Salud señala que una tenencia responsable supone evaluar previamente el tiempo, espacio y recursos económicos disponibles para atender adecuadamente a un animal de compañía.

En ese contexto, Purina comparte cuatro aspectos para considerar antes de adoptar un perro cuando existe un bebé o niño pequeño en la familia.

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1. Revisar si la rutina familiar permite cuidar a un perro

Antes de adoptar, es importante evaluar quién se encargará de alimentar al animal, sacarlo a pasear, limpiar sus espacios, jugar con él y llevarlo a sus controles veterinarios.

Estas tareas deben poder convivir con los horarios de alimentación, descanso y cuidado del bebé.

Definir las responsabilidades con anticipación también permite evitar que el cuidado recaiga únicamente en una persona o que la mascota quede desatendida durante los primeros meses de adaptación.

El Minsa recomienda considerar el tiempo, espacio y recursos disponibles antes de incorporar un animal al hogar, además de mantener rutinas adecuadas de alimentación, higiene y atención veterinaria.

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2. El primer contacto debe ser gradual y siempre supervisado

El encuentro entre el bebé y el perro debe realizarse de manera tranquila, sin obligar al animal a acercarse.

La Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de California en Davis recomienda que las primeras interacciones sean progresivas y que un adulto mantenga control directo del perro mientras otro atiende al bebé. También aconseja interrumpir el encuentro si el animal se muestra excesivamente excitado, temeroso o incómodo.

La regla de seguridad más importante es que ningún bebé o niño pequeño debe permanecer solo con un perro, independientemente de su tamaño, raza o comportamiento previo.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) advierten que los niños presentan mayor riesgo de sufrir mordeduras y que muchas lesiones en menores ocurren durante actividades habituales con perros conocidos.

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3. Cada uno necesita un espacio propio

El perro debe disponer de un lugar donde pueda dormir, comer o retirarse cuando quiera descansar sin ser molestado.

A medida que el bebé crece y empieza a desplazarse por la casa, será necesario impedir que acceda libremente a la comida, juguetes o zona de descanso del animal.

Especialistas en comportamiento veterinario recomiendan que los niños no se acerquen al perro mientras come o duerme y que tampoco lo persigan, abracen a la fuerza o le retiren objetos.

Las barreras físicas o puertas para bebés pueden utilizarse para separar temporalmente espacios cuando un adulto no puede mantener supervisión directa.

4. Vacunas, controles e higiene deben estar al día

Antes y después de la adopción, una evaluación veterinaria permite conocer el estado de salud del perro y establecer un calendario de vacunas, desparasitación y otros cuidados según su edad.

El Ministerio de Salud destaca especialmente la vacunación antirrábica y los controles veterinarios como parte de una tenencia responsable y de la prevención de enfermedades que pueden afectar tanto a animales como a personas.

También es recomendable lavarse las manos después de manipular alimento, desperdicios o accesorios del perro y antes de preparar alimentos o atender al bebé. Los CDC recomiendan supervisar el lavado de manos de los niños pequeños después del contacto con animales.

¿Importa la raza o la edad del perro?

Más que elegir exclusivamente por tamaño o apariencia, es importante considerar el temperamento, antecedentes, nivel de energía y comportamiento del animal.

Un cachorro, por ejemplo, requiere tiempo para entrenamiento, socialización y aprendizaje de hábitos, mientras que un perro adulto puede tener un comportamiento más predecible si se conoce adecuadamente su historia.

Antes de adoptar, resulta útil consultar al albergue, rescatista o profesional veterinario sobre cómo reacciona el animal ante niños, ruidos, manipulación y situaciones nuevas.

Los CDC recomiendan evaluar si el perro es adecuado para las características y estilo de vida de la familia antes de incorporarlo al hogar.

¿Qué señales del perro deben llamar la atención?

Durante la adaptación, los adultos deben observar la conducta del animal. Alejarse repetidamente, esconderse, quedarse rígido, gruñir o mostrar una reacción intensa frente al bebé pueden indicar incomodidad.

Si aparecen conductas preocupantes, lo recomendable es separar de forma segura al perro del niño y buscar orientación veterinaria o de un profesional calificado en comportamiento animal.

No se debe castigar al perro por expresar incomodidad mediante un gruñido, porque esa señal funciona como una advertencia. Los especialistas recomiendan gestionar la distancia y revisar qué situación está generando estrés.

“Cuando una familia adopta un perro, incorpora a un nuevo integrante que necesitará cuidado y protección durante toda su vida”, señala Sophia Chiriboga, jefa de Marca de Purina en Nestlé Perú, en información proporcionada por la compañía.

La convivencia entre niños y mascotas puede formar parte de la vida familiar durante años, pero requiere organización, límites claros y supervisión constante para proteger tanto al menor como al animal.

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