Los bailes públicos del líder chavista Nicolás Maduro, acompañados de mensajes como “no war; yes peace” y “no crazy war”, fueron el detonante final que convenció a los asesores de Donald Trump de que el presidente venezolano se burlaba de las amenazas estadounidenses, según una investigación del New York Times (NYT).
La actitud desafiante, transmitida en televisión estatal tras un ataque estadounidense a un muelle vinculado al narcotráfico, inclinó la balanza hacia la ejecución de una operación militar audaz el sábado pasado. Maduro había rechazado previamente un ultimátum de Trump para renunciar al poder y exiliarse en Turquía, según fuentes estadounidenses y venezolanas consultadas por el diario neoyorquino.
El operativo, bautizado como “Absolute Resolve”, involucró a un equipo élite de Delta Force que irrumpió antes del amanecer en el búnker residencial de Maduro en Caracas, donde capturaron al líder y a su esposa, Cilia Flores. Respaldados por el mayor despliegue naval en el Caribe de la historia moderna, los trasladaron en helicóptero al buque de ataque anfibio USS Iwo Jima.
Tras una breve escala en la Base Naval de Guantánamo, Cuba, ambos fueron conducidos a un centro de detención federal en Brooklyn, Nueva York, para enfrentar cargos por tráfico de drogas y corrupción. El NYT detalla que la decisión se precipitó en la última semana de diciembre, cuando las provocaciones públicas de Maduro confirmaron para el equipo de Trump la necesidad de actuar de inmediato.
La captura representa un punto de inflexión en la crisis venezolana, con implicaciones geopolíticas en la región. Fuentes cercanas al equipo presidencial estadounidense explicaron que los gestos de despreocupación de Maduro interpretados como mofa directa a las advertencias diplomáticas y militares de Washington.





