El Global Energy Perspective 2026 de McKinsey & Company identifica un escenario marcado por una mayor demanda eléctrica, el avance de la inteligencia artificial y los data centers, y el desafío de equilibrar seguridad energética, costos y descarbonización.  (Foto: iStock)
El Global Energy Perspective 2026 de McKinsey & Company identifica un escenario marcado por una mayor demanda eléctrica, el avance de la inteligencia artificial y los data centers, y el desafío de equilibrar seguridad energética, costos y descarbonización. (Foto: iStock)

La demanda mundial de energía aumentó 1.3% durante 2025, mientras que las inversiones en el sistema energético global alcanzaron aproximadamente US$3.3 billones, de acuerdo con el Global Energy Perspective 2026 de McKinsey & Company.

El reporte muestra que el sistema energético continúa expandiéndose en un escenario en el que fuentes tradicionales y tecnologías bajas en carbono avanzan simultáneamente. A ello se suman nuevas presiones sobre la demanda eléctrica relacionadas con la inteligencia artificial (IA), los centros de datos y la electrificación.

Demanda de energía moderó su crecimiento en 2025

El incremento de 1.3% registrado durante 2025 representa una moderación respecto de 2024, cuando la demanda energética mundial creció aproximadamente 2%, según los datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA) recogidos en el informe.

Entre los factores asociados a esta desaceleración aparecen el menor crecimiento de las industrias intensivas en energía, temperaturas menos extremas y mayores avances en eficiencia energética.

Pese a esta moderación, la demanda continuó aumentando en las principales fuentes y tecnologías energéticas.

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Inversiones energéticas alcanzaron US$3.3 billones

El flujo de inversiones también mantuvo una tendencia ascendente. Tras superar por primera vez los US$3 billones en 2024, el desembolso global destinado al sector energético alcanzó aproximadamente US$3.3 billones en 2025.

De acuerdo con el Global Energy Perspective 2026, cerca de US$1.8 billones correspondieron conjuntamente a inversiones en combustibles fósiles —petróleo, gas natural y carbón—, generación eléctrica y tecnologías bajas en carbono.

Otros US$479,000 millones fueron destinados a redes y almacenamiento, mientras que aproximadamente US$773,000 millones correspondieron a eficiencia energética y usos finales.

Transición energética será menos lineal de lo previsto

Una de las principales conclusiones identificadas por McKinsey es que la demanda energética seguirá aumentando y que la transición hacia nuevas fuentes será menos lineal de lo anticipado.

Durante 2025 creció el consumo de todas las principales fuentes de energía. Si bien las tecnologías solar y eólica avanzaron a un ritmo mayor, los combustibles fósiles también incrementaron su aporte.

El escenario descrito muestra que el sistema energético mundial continúa incorporando capacidad procedente de distintas fuentes en paralelo, en lugar de registrar todavía una sustitución uniforme de unas tecnologías por otras.

Inteligencia artificial eleva la demanda de electricidad

El desarrollo de la inteligencia artificial y los data centers aparece como otro de los factores que están modificando las perspectivas del mercado energético.

La expansión de la infraestructura digital se suma a tendencias como la electrificación, la actividad industrial y el crecimiento económico, aumentando la presión sobre la generación eléctrica, las redes y la capacidad de respaldo.

La diferencia ya puede observarse en las cifras de 2025: mientras la demanda energética total aumentó 1.3%, la demanda mundial de electricidad creció alrededor de 3%, más del doble.

Seguridad, costos y descarbonización marcan el desafío

El escenario descrito por McKinsey plantea que la transición energética dependerá no solo de incrementar la participación de tecnologías bajas en carbono, sino también de garantizar suficiente capacidad para atender una demanda creciente.

En ese contexto, el sistema deberá responder simultáneamente a tres desafíos: seguridad del suministro, costos energéticos y objetivos de descarbonización.

Las tensiones geopolíticas agregan otra variable de incertidumbre a un mercado que requiere nuevas inversiones en generación, infraestructura, redes, almacenamiento y eficiencia energética para atender las necesidades de los próximos años.

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