Grace, de 25 años, decidió junto a su esposo no tener hijos, pese a la presión familiar y social. Su caso refleja una tendencia creciente en China, donde cada vez más jóvenes se identifican como “DINK” (dual income, no kids), es decir, parejas con doble ingreso y sin hijos.
“Necesito un mejor ingreso y más ahorros antes de pensar en formar una familia”, explicó Grace en declaraciones a la Agence France-Presse. Sin esas condiciones, aseguró, no consideraría la maternidad.
El término DINK se ha vuelto viral en redes sociales chinas, aunque sigue generando rechazo entre sectores más conservadores.
Una crisis demográfica de largo alcance
China enfrenta hoy una de las transiciones demográficas más profundas de su historia reciente. Según proyecciones de Naciones Unidas, la población del país podría reducirse de los actuales 1.400 millones a unos 800 millones en 2100.
En 2024, el país registró apenas 9,54 millones de nacimientos, cerca de la mitad de los contabilizados en 2016, el año en que se puso fin oficialmente a la política del hijo único.
Desde 2023, China incluso fue superada por India como el país más poblado del mundo.
Costos, trabajo y cambio cultural
Los motivos detrás de esta tendencia son diversos. Incluyen el alto costo de criar hijos, la incertidumbre económica y las exigencias laborales. Muchos jóvenes trabajan bajo el esquema conocido como “996”, de 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días a la semana.
“La gente está excesivamente ocupada con el trabajo; es difícil encontrar tiempo para pensar en formar una familia”, explicó Wang Zibo, un residente de Pekín de 29 años.
Para el demógrafo independiente He Yafu, el aumento de personas que optan por no casarse o no tener hijos representa uno de los mayores desafíos estructurales del país.
El legado de la política del hijo único
Las autoridades chinas han impulsado medidas pronatalidad desde que flexibilizaron las restricciones familiares. Entre ellas figuran subsidios anuales de hasta 500 dólares por hijo menor de tres años y ajustes fiscales a anticonceptivos.
Sin embargo, expertos consideran que estas políticas son insuficientes frente a cambios culturales arraigados.
“La política del hijo único reconfiguró las normas familiares y los estilos de vida”, sostiene Pan Wang, profesora de la Universidad de Nueva Gales del Sur. Según la académica, la generación de hijos únicos se acostumbró y a menudo prefiere familias pequeñas.
Un futuro con menos jóvenes y más adultos mayores
Actualmente, la tasa de fecundidad en China ronda un hijo por mujer. De mantenerse esta tendencia, advierte He Yafu, el país enfrentará una reducción sostenida de su población y un rápido envejecimiento.
“Esto incrementará la carga del cuidado de los ancianos, debilitará la fuerza nacional y afectará el desarrollo económico”, alertó el especialista.





