En esta foto de archivo tomada el 20 de agosto de 1998, la secretaria de Estado de EE. UU., Madeleine Albright, habla con los periodistas en la Casa Blanca sobre el ataque de EE. UU. a una base terrorista en Afganistán y una instalación relacionada con armas químicas en Jartum, Sudán. (Foto de LUKE FRAZZA / AFP)
En esta foto de archivo tomada el 20 de agosto de 1998, la secretaria de Estado de EE. UU., Madeleine Albright, habla con los periodistas en la Casa Blanca sobre el ataque de EE. UU. a una base terrorista en Afganistán y una instalación relacionada con armas químicas en Jartum, Sudán. (Foto de LUKE FRAZZA / AFP)

La exsecretaria de Estado estadounidense Madeleine Albright, la primera mujer en ocupar este cargo en el gobierno en , murió el miércoles a los 84 años, anunció su familia.

La jefa de la diplomacia entre 1997 y 2001, durante el mandato del presidente demócrata Bill Clinton, “incansable defensora de la democracia y los derechos humanos”, murió de cáncer “rodeada de familiares y amigos”, afirma en un comunicado.

Ella contribuyó a “cambiar el rumbo de la historia”, declaró el presidente .

“Fue una inmigrante que huía de la persecución”, dijo en un comunicado. “Y como tantos otros antes y después de ella estaba orgullosa de ser estadounidense”. “Para que este país al que amaba fuera aún más bello, desafió las convenciones, rompió barreras, una y otra vez”, aplaudió Biden.

Madeleine Albright fue “una fuerza apasionada por la libertad, la democracia y los derechos humanos”, elogió Bill Clinton, subrayando que su muerte fue “una pérdida inmensa para el mundo en un momento en el que más necesitamos las lecciones de su vida”.

“Humor” y “determinación”

El expresidente rindió homenaje a algunos de sus combates, para “acabar con la limpieza étnica en Bosnia y Kosovo”, “apoyar una expansión de la OTAN a los países de Europa central” o “reducir el nivel de pobreza”. Los libró, dice, sin perder nunca “su gran sentido del humor” ni “su determinación”.

El Consejo de Seguridad de la ONU guardó un minuto de silencio en memoria de la que también fue embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas durante cuatro años (1993-1997), donde dejó su huella, especialmente durante la intervención de la OTAN en Kosovo.

En aquel entonces el embajador ruso era Serguéi Lavrov, quien más tarde se convirtió en ministro de Relaciones Exteriores ruso y en un aliado muy cercano de Vladimir Putin, el presidente ruso a quien Madeleine Albright acusó, hace exactamente un mes, de cometer un “error histórico” preparándose a invadir Ucrania.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, dijo en un comunicado que siempre valoró en Albright sus “sabios consejos, su profunda experiencia, su visión única, su humanidad constante, su calidez y su espíritu”.

“El sueño americano”

Nacida el 15 de mayo de 1937 en Praga, Madeleine Albright es una refugiada que huyó del nazismo, refugiándose en Londres en 1939 con su familia judía.

Once años después, su familia, que había vuelto a Checoslovaquia, decidió emigrar a Estados Unidos cuando los comunistas tomaron el poder.

Fue en Estados Unidos donde sus brillantes estudios le permitieron acceder a los peldaños más altos del poder.

“Vivió el sueño americano y ayudó a otros a conseguirlo”, dijo George W. Bush sobre esta mujer que hablaba inglés, checo, francés y ruso.

En 2001, justo después de que Bush llegara a la Casa Blanca, creó el “Albright Group”, un gabinete de asesoría en estrategia internacional con sede en Washington e influyente en el panorama internacional.

El secretario de Estado, Antony Blinken, la elogió como una “diplomática brillante” que “pasó su vida sirviendo” a su país adoptivo. “Habiendo experimentado de primera mano los horrores de la guerra... creía que Estados Unidos debía responder con fuerza a los dictadores y tiranos”.

El ex primer ministro británico Tony Blair afirmó que era “una de las personas más sobresalientes” con las que tuvo el privilegio de trabajar y elogió su “profunda compasión por la humanidad”.

El presidente israelí Isaac Herzog la definió como “un ícono feminista, una dirigente excepcional” y “una verdadera amiga de Israel”.

En abril de 2012, al otorgarle la “medalla presidencial de la libertad”, la más alta condecoración civil de Estados Unidos, Barack Obama elogió su “valentía y tenacidad que hicieron posible llevar la paz a los Balcanes y abrieron el camino al progreso en algunos de los lugares más inestables del mundo”.

Fuente: AFP

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