Los sismos que remecieron Venezuela, dejando cientos de muertos, me han hecho recordar al descomunal terremoto de Haití del 12 de enero de 2010, que me tocó cubrir como reportero de esta casa editora luego de llegar a Puerto Príncipe en la mañana del 14 de enero en un vuelo de la FAP que llevaba médicos y ayuda humanitaria, que de milagro pudo aterrizar en el aeropuerto internacional Toussaint Louverture, pues era tanto el caos en ese devastado país que no había ni torre de control activa para ordenar las operaciones aéreas.

Lo que dejó ese terremoto de magnitud siete con profundidad de apenas 10 kilómetros en un país empobrecido y sin preparación para un terremoto debido a su escasa frecuencia, fue lo más parecido al infierno que puedo haber visto. Por algo ese sismo es considerado uno de los más destructores de la historia de la humanidad, al dejar al menos 300 mil fallecidos, la mayoría sepultados bajo sus precarias viviendas. Incluso el Palacio Presidencial terminó hundido en el piso, asentado sobre lo que fue su sótano y primer piso.

Transcurridos dos días del sismo y en medio del caos que veía desde la tolva de una camioneta blanca de los Cascos Azules de la ONU en la que recorrí Puerto Príncipe en medio de saqueos de tiendas y almacenes, los pocos reporteros que estábamos allí notamos que ante la imposibilidad de enterrar a los cadáveres, la gente los sacaba a las calles y los ponía uno sobre otro entre la pista la vereda frente a sus casas, como si fueran cualquier desperdicio, en espera de que más tarde pase alguna autoridad inexistente y se los lleve a donde sea.

Casi al final del día fuimos a un “hospital”, que era una gran carpa levantada en un parque donde se habían concentrado algunos médicos haitianos y otros de diversos países que iban llegando a bordo de los aviones que arribaban de manera desordenada y tenían colapsado el principal aeropuerto del país. Lo que vimos y los testimonios de esos voluntarios eran parte de la pesadilla. Casi toda su labor estaba centrada en realizar amputaciones en extremidades superiores e inferiores, con los pocos instrumentos que tenían a la mano. La cifra oficial de heridos fue de 350 mil.

En enero de 2010 sucedió en Haití y hace tres días en Venezuela, pero no olvidemos que en el Perú estamos mucho más expuestos a un terrible sismo que esos dos países que han terminado devastados. Tengamos en cuenta que la actividad sísmica en las costas del Pacífico Sur es mucho más intensa que en el Caribe. Además, los expertos advierten que en cualquier momento se nos viene un terromoto de al menos 8.5 de magnitud. ¿Estamos preparados? Todos sabemos que no.

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