Fue el Congreso de Tucumán, que en sesión histórica proclamó su escisión de España. El hecho sucedió en casa de doña Francisca Bazán de Laguna, lugar que hoy constituye un recinto en la calidad de Monumento Histórico Nacional desde 1941. Ya desde el 15 de abril de 1815 los bravos argentinos habían acabado con el denominado gobierno unitario de Carlos María de Alvear. La exigencia de concretar un Congreso General Constituyente se dio por imperio de unas circunstancias inexorables camino hacia la desvinculación total de España. Con delegados provenientes de distintas partes del territorio nacional, por fin el 24 de marzo fue instalado el Congreso. Los representantes del Alto Perú no estuvieron y no porque no quisieran. No. Esos territorios estaban aún en manos realistas; tampoco estuvieron los representantes de las provincias de la Liga Federal (Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe) por su enemistad con el Directorio (Unitario y pro-monárquico). Luego sobrevino el nombramiento de Juan Martin de Pueyrredón, uno de los diputados, en la condición de Director Supremo. Aparecieron las figuras del general Manuel Belgrano y el general José de San Martin, gobernador de la Intendencia de Cuyo, para recién iniciar la discusión sobre la Declaración de Independencia. San Martín fue clave porque imprimió la mirada del plan continental que implicaba luego la necesaria independencia de Chile y el Perú. La votación se hizo un día como ayer, 9 de julio de 1816. Es verdad que las naciones no reconocieron la independencia nacional pero el gran paso ya se había dado. Lo que siguió fueron discusiones de cuál sería la forma de gobierno para el nuevo Estado y en eso no difería de los peruanos, pues luego de nuestra independencia, los monarquistas y los republicanos discutían la naturaleza jurídico política del Perú inicial. Las tareas del Congreso argentino fueron trasladadas a Buenos Aires donde en 1817 sancionaron la Constitución Argentina de 1819 de carácter Unitario. El Congreso fue disuelto tres años después, tras la derrota del Directorio en la batalla de Cepeda, que marcó el inicio de la denominada Anarquía del Año XX. El hecho que ayer celebraron nuestros hermanos argentinos, sucedido hace 205 años, fue el perfecto complemento de la Revolución de Mayo de 1810.




