Que nunca olviden los loretanos la actitud infame de César Acuña cuando los culpó por elegir a una persona como su representante en el Congreso y que recuerden siempre que fue Alianza para el Progreso (APP), el partido que él maneja como una monarquía chicha, el que encumbró como su candidata número uno en la región Loreto a Rosío Torres pese a todos los antecedentes que la acompañaban.

Esta lavada de manos es una constante del partido y del caudillo norteño que nunca reconoce errores en las designaciones. Él nunca tiene la culpa, siempre fueron “sorprendidos” y finalmente, que se frieguen los 5179 electores que votaron por ella, no los que la nombraron como candidata.

El cuestionado mea culpa de Acuña Peralta se podría creer si fuera la primera vez que se presentan denuncias por roberías contra congresistas electos por APP, pero no. En este periodo llevaron a otras dos implicadas en recortar sueldos y a un investigado por violación al Congreso. Tampoco olvidemos a aquel que ahora es investigado por vender votos para salvar a Pedro Castillo de la vacancia.

El partido demuestra tal menosprecio a los electores que no podemos entender cómo siguen ganando procesos a no ser que sigan apelando al clientelismo político, aquel por el que el JNE excluyó a Acuña como candidato presidencial en 2016.

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