Como “verrugas” de la política peruana ha calificado Aldo Mariátegui a dos líderes políticos que compiten en estas elecciones: César Acuña (APP) y José Luna Gálvez (Podemos Perú). No le falta razón. Es más, se podrían añadir otros adjetivos de corte médico, “forúnculos”, “eccemas”, “hemorroides”...Todos ellos encajan muy bien en lo que constituyen estos personajes que degradan la política, la infestan, la contaminan y la convierten en el sistema que hay que parasitar para inocularle la larva que les permitirá tener un manejo funcional a sus oscuros intereses.

Son más parecidos de lo que ellos mismos creen.

Ambos han construido sus fortunas en base a la creación de universidades de dudosa calidad, a las que ingresar no cuesta ningún esfuerzo porque el tener la mayor cantidad de alumnos es la base del negocio.

Ambos, también, tienen bancadas en el Congreso. Demás está decir que son en esas curules en los que se asienta parte de su poder porque han alquilado sus votos casi siempre al mejor postor pervirtiendo, como lo ha hecho este Parlamento en este quinquenio, la razón de ser del Legislativo.

La sospecha ahora es que casi todos los votos de Acuña y Luna fueron a parar al impresentable de José Balcázar. ¿A cambio de qué? Pues el frustrado premierato de Hernando de Soto puede dar alguna idea de ello.  

No obstante, lo peor de la existencia de estas desviaciones epidérmicas es que exista gente que vote por ellas. Acuña fue electo gobernador regional con el 34.5%, unos 327 mil votos. Luna, por su parte, tuvo 22,126 votos preferenciales en Lima.

Habrá que decir entonces que estas protuberancias tienen inexplicables ramificaciones en el electorado que este 2026 está obligado a acudir al dermatólogo, antes de ir a las urnas, y curarse en salud.